TRIUNFAZO ARGENTINO EN BARRANQUILLA: “JETTATORE” guarda silencio, mínimo, hasta Junio.

Noticias | Pipo Rossi | 16-11-2011

Los jugadores argentinos, según consignó uno de los integrantes del cuerpo mèdico, perdieron entre 3 kg y 3 ½ en el partido que diò vuelta en la caliente Barranquilla con un soberbio segundo tiempo de Messi secundado por Sosa, el Kun, Higuaín y una mejorada defensa integral que comenzó con el doble-cinco, el cordobés Guiñazú y los 4 de atrás, más Romero, decisivo para mantener el 1 a 1 en un momento del partido. ¿Será un punto de inflexión?

El detalle de la pérdida de peso tiene que ver con la tilinguería argentina (vocinglería imbécil de locutores de radio y televisión, potenciada por los mensajes de oyentes que de fútbol entienden poco), de reclamar compromiso a los futbolistas del seleccionado.
Claro está, al menos para éste columnista, que el compromiso está absolutamente probado. El “quid” de la cuestión no pasa, precisamente, por el modo de cantar el himno.
Argentina levantó cabeza en Barranquilla porque venía de dos actuaciones que amenazaban con convertirse en una tendencia indeseable camino a Brasil.
Perder contra Venezuela y empatar con Bolivia no invitan, claramente, a la esperanza.
Pero el entrenador, pragmático al fin, entendió que se trataba para Demichelis, por ejemplo, de un fin de ciclo. Un “adiós y muchas gracias” después del error-horror que posibilitó el gol de Martins.
La alternativa ante la lesión de Burdisso fue el Chavo Desábato y no el propio Martín, quién tuvo su última chance de revertir la historia próxima (de flojas actuaciones).
Acertó el entrenador con la apuesta por Fernández y acertó también con el ingreso de Desábato.
También dio en el clavo con el doble cinco + Guiñazú para cortar todas las posibilidades de creación a partir de James Rodríguez. Y fue totalmente audaz al dejar en campo a Sosa (que había pasado inadvertido en la primera parte), sacando al jugador del Inter para sumar en ataque al Kun.
Impecables los cambios.
E impecable la reacción de los jugadores para ir a buscar (mantener la posesión del primer tiempo pero añadiendo profundidad), un partido que se le puso adverso desde todos los puntos de vista posibles.
Lo que hizo en el segundo tiempo contra Colombia es lo que debió –y debe- hacer cuando empata en cero un encuentro cerrado, tal como ocurrió contra Bolivia.
Un cero a cero debe equivaler en la cabeza (magnífico desafío para cuerpo técnico y jugadores) a ir perdiendo 1 a 0.
Lo repito: cuando Argentina está 0 a 0, deben “pensar”, “convencerse” de que el partido “lo ganan ellos 1 a 0” e ir a buscarlo.
Le pasó contra Bolivia y le pasó en peores condiciones, en Barranquilla.
Y lo fue a buscar.
Con esfuerzo es inteligencia.
También con talento.
Por eso se saluda el triunfo en el contexto en que se vivió.
Hubiéramos tenido (con un mero empate) que soportar hasta Junio al “menottismo ilustrado” (fracasado, tremedista y destituyente) dale que te dale por diarios, radios y televisiones de todo el mundo hablando pestes del seleccionado como si alguna vez sus equipos hubieran maravillado al mundo.
En la Argentina hay que soportar que Menotti reciba un premio de un diputado de la Coalición Cívica-Libertadora porque ganó el Mundial 78 (porque GANÓ, no discutamos por favor sobre el “talento” y la “exquisitez” del juego de aquel equipo porque no tiene el mínimo sentido).
Está bien.
Allá ellos y sus premios a “El técnico del Proceso”. Que lo disfruten.
¿No saben de qué hablo?.
Petit resúmen del libro de Gasparini-Ponsico que se encuentra en cualquier buscador de Internet, tengo un viejo ejemplar a mano (pero no lo presto).

Sobre el libro: 186pp. Primera edición. Durante el Proceso Militar, el fútbol fue la única manifestación colectiva de los argentinos. Instrumentado mediante técnicas de difusión masiva, sirvió a los militares para ocultar la sistemática destrucción del país y su pueblo, mediante la estimulación de un exitismo grotesco que tuvo su momento culminante en el Campeonato Mundial de 1978. Ese proceso dentro del Proceso tuvo un protagonista principal: César Luis Menotti, el director técnico La experiencia concluyó cuatro años después mostrando descarnadamente el fraude deportivo que se había consumado y poniendo en descubierto a los ideólogos y los ejecutores de aquella maniobra política. El proceso violaba derechos humanos, mataba, torturaba y el fútbol se usaba como un narcotráfico para hipnotizar e imbecilizar a la gente. El deporte pasión de multitudes fue utlizado como un idiotizante. En los circos entre el trapecista y el acróbata actúan enanitos y cómicos, lo mismo pasó en estos años de la depredación de la República y sus instituciones Martínez de Hoz era el ideólogo; los militares, los centuriones y Menotti, la imagen. Este libro desnuda todo.

Lo que duele al oído es tener que soportan sus “bajadas” de línea como si hubieran ganado algo importante desde los 70 a ésta parte.
Su último gran divulgador, el “Profesor Jettatore”, (como el personaje de Gregorio de Laferrere), así conocido en el ambiente por colaborar decisivamente en el envío a la B de todo equipo en el que osa posar su predica, deberá (roguemos) guardar respetuoso silencio.
O, peor para él, tratar de explicar lo inexplicable. Que los otros ganan y él no. Palabras le sobran. Encontrará el modo de denigrar el juego.
El “Menottismo Ilustrado”, digámoslo claramente, apuesta a que a la Argentina le vaya mal. Entonces ellos son convocados para hablar, dar su opinión desde el púlpito y, a veces, para dirigir. Esto ocurre cada vez con menos frecuencia pero como el fútbol en un lugar maravilloso y una dialéctica pura, tendrán seguramente, su enésima oportunidad.

Oportunidad, con mayúsculas, es la que se ganaron Sabella y los muchachos con el triunfo “torazo en rodeo ajeno” ante Colombia.
Hay mucho por mejorar si se aspira a ganar la Copa del Mundo.
Hacer efectivamente confiable a la defensa.
“Soltar” a Messi (depende tanto de él mismo como del equipo que se arme a su alrededor).
Dar con el arquero.
Y ratificar ese pragmatismo que hace falta para jugar con 3 delanteros de ser necesario o 1 si es que el objetivo –ganar la Copa- asì lo requiere.
Que los otros –los de afuera- sigan opinando. Es lo que mejor –acaso lo único- para lo cual los tiene reservados la Historia.

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