En el momento de escribirse éstas líneas todavía no se ha jugado el clásico en el que pueden decir “adiós” dos jugadores-símbolo de la última década y media de River y de Boca.
Ambos han sido premonitorios: “puede ser, -han dicho- mi último clásico”.
Los dos han ido y vuelto con más pena que gloria a Europa. Ni el Mónaco dejó grabado su nombre en la Champions League por obra y gracia de Marcelo Gallardo, ni el Villarreal pudo salir de su condición de pequeño simpático de España aún cuando Román dejó su estampa de caballero exquisito -y frío- que metía estiletazos rotundos o perdía el penal clave por pegarle despacito y a las manos del arquero.
También supieron ser los elegidos máximos de entrenadores de selección.
Passarella fue lejos hasta el lo simbólico: le dió la número 10 a Gallardo cuando el Planeta Fútbol quería seguir vivando por Maradona, hubiese rinoscopías o no.
Román fue el jugador fetiche de Pékerman y Basile.
Bielsa desechó a ambos, juega sin enganche el Loco del Campo, suceso chileno hoy por hoy.
“Qué importa lo que haga con su vida personal, que juegue Maradona”, le pedía (mos) la popular y la cátedra al pobre Daniel Alberto, a cargo del inolvidable grupo de boy scouts de pelo corto.
Gallardo se lucía, y comenzaba a madurar su liderazgo, en River. Corrían los después demonizados 90 de Carlitos Saúl Primero de Anillaco, el mismo que ha vuelto a la popularidad a faltazo limpio en el Congreso. “¿Soy importante o no soy importante?”, le dice a todos, Carlitos.
Un millón ochocientos mil dólares por año ganaba Gallardo en ese River multicampeón de Ramón. Y además los premios.
“Cómo me voy a ir de Vélez si gano lo mismo que Gallardo en River, con la diferencia que nosotros ganamos más torneos que ellos”, diría en esos noventa memorables, el filósofo José Luis Félix Chilavert.
Y claro. Para qué irse.
Con el 1 a 1, en Argentina, en los clubes de fútbol, se ganaba no igual, pero parecido a Europa.
Después nos vino, con la crisis del 2002, el baño de realidad, del que la mayoría hemos salidos. No así el fútbol. Para seguir en la burbuja, al menos por un tiempo más, está el Estado.
“Creían que yo arreglaba con Clarín por atrás… menos mal que estaba la Señora” dijo Julio Humberto I de Viamonte, the Pope, el titititero mayor, mientras esperaba hablar con Mauro Viale por radio.
Luego, convenientemente, le echó la culpa a sus imitadores. Genial Julito. Si no fuera ridículo, sería una tragedia. Creo que vamos a adoptar para siempre, la frase de Pompeyo-Presentador, de la que ya hemos hablado.
Román mantuvo su 1 a 1.
Fue uno de los pocos que mantuvo su 1 a 1, Pompilio mediante. Por eso le sigue “agradeciendo a un presidente que no tenemos”, o asegurando que mantiene su palabra con el que ya no está.
Imposible que Pedro lo desmienta, claro.
Y con el detalle delicioso “del año gratis”, éste que está corriendo.
Román está jugando “gratis”. Claro, el contrato que mantuvo con Villarreal-Boca era por dos años (vigente allá, al momento de ser desechado por el ingeniero Pellegrini, el que alarga su agonía con el Madrid y quizá quien te dice salve su propia cabeza si a) gana la Liga, b) se la gana al Barcelona, c) el Barça no da otra vuelta por ganar la Champions en el mismísimo Bernabeu), era de dos años allá, les decía, y pasó a ser de tres acá por la misma cifra (tres millones de euros en total, limpios).
Entonces el tercero, éste, el de la peor campaña de la historia de Boca en comienzo de campeonato, con Ameal, Ischia ido, Bianchi traido como mánager, Basile, alias “los bajitos me hicieron la cama”, y el cambiante Alves, es el que Román ”juega gratis”.
Los dos son líderes natos. Bravos. Dificiles. Complejos. Líderes al fin.
Los dos han sabido dejar en off-side a aquellos entrenadores que osaron intentar coparles el vestuario. Gallardo acabó con Merlo, the big Mostaza, en menos de lo que canta un gallo.
Román no hizo su mejor esfuerzo cuando el Maestro Tavarez era el DT de Boca, segunda selección, segundo intento, segunda parte. Y ganó el Independiente de Gallego el campeonato.
Y ahora se enfrentan -Román y Marcelo- a su inexorable final.
Jugadores de pegada exquisita. De técnica excelsa. De goles inolvidables. De partidos importantes. Enganches. Diez. Armadores. Que te pueden ganar el partido solitos. Entrañables.
Llegan a ésta instancia tratando de irse de éste mundo, el mundo del clásico de los clásicos, con el mejor recuerdo. Solo hay lugar para uno.
¿Quién se lo ganará?

