PALERMO LE DIÓ EL GOLPE DE GRACIA.

Noticias | Pipo Rossi | 30-03-2010

Hay una novela exquisita de Marguerite Yourcenar. Se llama “El tiro de gracia”; si mal no recuerdo, me sale en francés “le-cup-de-gras”, así pronunciado, castellanizando la fonética. También escribió Memorias de Adriano, otra maravilla.

Me acordé de aquelos textos de Yourcenar repasando la imagen de Palermo, acabando finalmente con el pobre Alves.

Le bastó una mirada. Demorar el camino y dirigir la mirada a Alves. Si existieron o no las palabras: “porqué me sacás si estamos perdiendo”, o si el deté no pudo escucharlas, son dos mangos aparte.

Estaba, Alves, en el piso. Liquidado. Acabado por toda la cuenta. Hecho trizas su propio sueño.

¿Qué se le puede reclamar a Alves?. Genéricamente que cometió errores de conducción, que se equivocó con los cambios, que no fue capaz de poner orden en un barco que se hundía, que fue contradictorio.

Se le puede reclamar su exceso de terrenalidad en una constelación de estrellas.

Nada podrá decirse en cambio, sobre su visceralidad. Está en su derecho, Alves, de ser visceral. Y expresar lo que siente.

Si nos bancamos las onomatopeyas de Ramón Díaz y el discurso ininteligible de Bielsa, porqué no habríamos de tolerar el grito a corazón abierto de Alves.

Raro en Palermo.

Raro que alguien que ha sabido volver de tanto sufrimiento, aplastara la cabeza del pobre Alves con solo mirarlo.

No hacía falta.

Era innecerario.

Acaso sea, ese gesto de Palermo para con el Chueco Alves, la última descripción de la decadencia de este grupo de próceres de Boca, que está más afuera que adentro y que forma parte, cada minuto que pasa, del pasado que fue.

Glorioso.

Pero fue.

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