Con renovado entusiasmo se ha dado difusión extrema a las declaraciones de Maradona y de Daniel Alberto Passarella en una semana por demás “hot”.
Entre marzo del 91 y agosto del 2009 (fecha de comienzo del Fútbol para Todos), jamás vi tanto empeño en usar en títulos de diarios y en todos los medios del Ancie Régime (Clarín, TN, las radios, Canal 13 and demáis), aquellas opiniones, dichos, declaraciones u hechos, que sirvan desgaste del eterno JHG.
Fue la semana de Diego y Daniel Alberto.
Para fustigar a Julio, a buen monte fueron por leña.
En medio los árbitros.
Dios los ayude en el comienzo de la fecha 15 en la que, hagan lo que hagan, aún arbitrando bien, serán juzgados por conductas sospechosas.
Imposible pedir que bajen dos cambios.
Demasiados intereses en el medio. Y en los Medios.
Los que antes (durante años) no “veían”, ahora, mágicamente, “ven”. Y denuncian, dedito erguido.
Algunos llegan a tonos surrealistas en trasnochados domingos.
Otros no se despeinan tirando centros a los desesperados que, en el Monumental, o en Dubai, sirven a la causa de volver al viejo Status Quo cuando Fútbol para Todos no existía.
Da la impresión de que tendrán que seguir esperando.
Como mínimo un periodo más de Julio Humberto I de Viamonte.
En medio, encenderán velas para que All Boys y Olimpo no ganen porque no habrá manifestaciones ni programas de tevé que eviten su paso a la posteridad como los que “nos mandaron a la B”.
Buen fin de semana para todos.
Resulta patético lo de Passarella.
Algo parecido ocurrió con Babington en su momento.
Babington eligió a Brazenas. Después, cuando perdieron, le echaron toda la culpa.
Julio Comparada, alias, “el estadio costará 10 millones de dólares”, ganó una elección argumentando que lucharía contra Grondona. Le creyeron. Y ahí van, luego de la gestión Comparada-Menotti (Menotti ha sido gran arquitecto de la gestión, hasta que se iba a la B cuando echaron a Gallego -no le renovaron el contrato- y designaron a Garnero).
A Passarella le avisaron el sábado mismo a la mañana que Patricio Lousteau iba a ser el árbitro. “Ningún problema”, dijo.
Boca se enteró, como dijo su inefable vicepresidente, “por Crónica TV”.
Tres gestiones de Aguilar y tres (3, o sea, TRES) de Daniel Alberto han puesto a River en éste penoso lugar.
Compraron. Vendieron. Tuvieron intermediarios. Eligieron interlocutores entre la barra brava. Buscaron inversiones en fideicomisos. Gobernaron al fin.
Tres años son 6 campeonatos. Seis campeonatos son 114 partidos. Multiplique: 6 x 19, son 114. Ciento catorce partidos a lo largo de seis campeonatos cortos o, lo que es lo mismo, TRES LARGUÍSIMOS AÑOS.
¿Lo dirigió Lousteau durante los 114 partidos?
Quilmes, del “poderoso” Anibal Fernández, se está yendo a la B.
Arsenal, el club familiar tiene 138 puntos, o sea UNO más que River. Y también lucha por evitar la Promoción y/o el descenso directo, cosa a la que parece apuntar con ahinco Huracán más que Gimnasia en esta parte final del campeonato.
¿Entocés qué?
¿Grondona TAMBIÉN está mandando a la B a “su” Arsenal?
Hubo arbitrajes que se equivocaron a favor y otros que cometieron errores en contra.
Pero el lloriqueo maricón de “Grondona nos quiere mandar a la B”, no habla de los otros sino de ellos mismos. Incompetentes, como mínimo.
Si al pibe Lousteau “le quedó grande” su primer clásico, a Passarella le queda inmenso el traje de Presidente. Creyó que era lo mismo gobernar-administrar un club, que ganarle un salto a Gareca o meterle un trancazo a Maradona.
De europeo solo tiene los trajes y los autos. Ni la formación, ni la cultura, ni el entendimiento.
Y ahora ensucia el terreno.
Solo que se acordó de enturbiar la cancha a cinco partidos del final. Ni siquiera “trabajó” para ensuciarla desde la primera fecha. Ni esa pizca de picardía tuvo, el Káiser.
Quizá creyó que salía campeón. No contó con las buenas campañas de All Boys ni de Olimpo.
¿Grondona es el deté de All Boys?.
¿Ó era el preparador físico de Olimpo?.
¿Fue Julio el que mandó a cabecear a Carrizo?.
¿Ó quién no vendió a Funes Mori por 8 millones de euros?.
En fin, un telón lento para el pobre Daniel Alberto.
Carrizo lo definió.
Ó en todo caso, comenzó a definirlo. Carrizo es ese típico jugador que mueve al espectador hacia la esquizofrenia (por momentos uno se convence que está entre los mejores del mundo y un rato despuès pide por un en su puesto que sea un poquitín menos irracional).
Arquero-racional, un oxímoron, de acuerdo.
Boca casi no había podido hacerse del balón hasta que Carrizo consumó el “moco”. Fiero error del arquero que torció para siempre el rumbo del partido.
Para colmo de males, se la dejaron servida a Palermo 3 minutos despuès.
Está claro que uno puede dejarle servida la circunstancia a Funes Mori, al Gringo Pavone, a Lamela incluso, pero no al loco Martín.
Palermo de cabeza en estado de gracia. A cobrar.
Despuès no hizo falta más.
Del mismo modo que podrían haber jugado hasta el amanecer del día siguiente o ensayar -Jota Jota- no tres, sino veinte cambios, Carrizo y Palermo habían decidido la historia de un clásico inolvidable.
Zafó River porque Independiente, finalmente, cazó una mosca en Bahía.
Pero es dramático porque estamos hablando de décimas o a lo sumo, centécimas.
Menos mal para todos que Quilmes del milagrero Carusito empezó a perder volviendo a cierta normalidad. Y que Olimpo amaga y no “mata”. Pero si se llega a producir un “sprint” final de éstos dos (All Boys y Olimpo), asitiremos a verdaderos “hara-kiris” futbolísticos en los cuales la discusión sobre el juego será inviable.
Solo quedará para el Profesor de Filosofía y Psicopedagogía (reserva moral de la discusión que pierde, lo echan y cobra indemnizaciones para volver a empezar mientras otros intentas arreglar sin conseguirlo en muchos casos, sus desaguizados).
Todos se quejan en torno a Patricio Lousteau.
Puede que algún “agarrón” haya sido penal, efectivamente. Ocurre que solo se ve por la tele. El tipo, el juez, está atento a otro sector de la cancha y, lógicamente, se lo puede “comer”.
Lo que es absurdo es que muchos piensen, incluso árbitros o ex árbitros, que la cámara lenta sirve SIEMPRE para verificar las faltas.
En cámara lenta, se ve que Insaurralde pecha a Funes Mori. Y también se ve como Funes Mori se cae como si una tropilla de potros lo hubiera tirado a la mismísima “merde”.
Lo que NO se ve en la cámara lenta es la INTENSIDAD del “pechón” de Insaurralde como tampoco la intensidad de la zambullida de Funes Mori.
Pasó la semana pasada (me pasó comentando en la cancha de Lanús la expulsión de Regueiro por falta a Federico Fernández; en cámara lenta Regueiro mete un planchazo -porque llega tarde a una pelota dividida- y el pibe de Estudiantes se retuerce como si producto del golpe debiera dejar el fútbol. Entonces el juez echa a Regueiro y 17 segundos despuès Fernández está fresquito como una lechuga. Hasta Olé publicó la foto (inmóvil, obviamente), y declara que la expulsión estuvo bien).
Boca se dió el lujo, una vez consumado el error de Carrizo y el acierto inolvidable de Palermo, de prescindir de Riquelme, quien puso su primera pelota seria del clásico a los 17 minutos del segundo tiempo (a Mouche) y tuvo una pisadita final para la tribuna.
Bien. Era un lujo que debía darse despuès de un abrazo sentido con quien se ha amado y odiado con la misma intensidad: el Loco Martín a los largo de 15 años. Con Guillermo no podrá hacer lo propio. Cosas del ego y del fóbal nuestro de cada dia.
Almeyda se volvió loco.
No pudo sustraerse a semejante hecatombe.
Aún a él, se lo comió el escenario, lo dramático del escenario.
Lo ganó Boca. Lo perdió Carrizo. Aún con errores, Lousteau no fue decisivo en el asunto.
Quedan 5 finales para ambos.
No hay -siquiera- tiempo para llorar en las iglesias.
A ver: el Barça es el mejor equipo de España y del mundo según lo viene ratificando no solo con el habla al estilo “profesoril”, sino con los palpables resultados.
Aún así, cuando el empate conviene a los dos, se produce lo que se produjo: un acuerdo tácito. Barcelona 1-Levante 1.
Si empatando uno sale campeón al tiempo que el otro zafa del descenso, pues señores, empatarán. Así se trate del enorme Barcelona.
No lo digo yo.
Lo dice El Pais. “Pesado y Sospechoso”, dice. Se refiere al partido.
Lean:
“El título cayó por inercia, sin boato ni épica, tras un partido que duró lo que no está escrito, por pesado y sospechoso: en el último cuarto hubo un pacto de no agresión. El empate convenía a los dos: se salvó el Levante y salió campeón el Barça.
El Barcelona hipnotizó de salida al Levante. No arriesgó con la alineación, se pasó la pelota durante un cuarto de hora largo de punta a punta de la divisoria,, como quien no quiere la cosa, y hasta pareció que no iba a disputar el partido. Al Levante le pareció estupendo, de manera que se recogió en su propia cancha con un equipo muy físico, para nada interesado en la elaboración del juego ni en la pelota. Ausentes Pedro e Iniesta, la posesión azulgrana resultaba estéril porque su desequilibrio quedaba reducido a las aceleraciones de Messi y Caicedo intervenía muy poco, solo contra el mundo, muy lejos de Valdés.
Así pasaban el rato unos y otros, sin intensidad ni agresividad, ni puñetería. Ni una ocasión, ni una buena jugada, ni un pase filtrado ni un susto. A los dos les gustaba el empate y cualquiera hubiera jurado que habían hablado del marcador antes de salir a la cancha. Falsa impresión. Justo cuando el partido se dormía, metidos los futbolistas en la sauna, convertido el estadio en un balneario, Xavi templó el cuero y el centro meloso del volante lo cabeceó Keita para sorpresa de Munúa. Un gol, a cámara lenta, tan bonito como inesperado, propio de un jugador laborioso y de tranco largo y buena testa como Keita.
Vencido el Levante, el gol anestesió curiosamente al Barcelona. Los azulgrana regalaron el empate y hasta concedieron una clamorosa segunda ocasión después de un lio de piernas y cabezas, como si los zagueros acabaran de levantarse de la siesta. Piqué no se entendió con Valdés en una cesión, mal acompañada por el central y no corregida por el portero, y Caicedo embocó a la red. Tampoco atinó Xavi poco después en un control, sorprendido por el rival, y al Levante se le escapó por poco el que hubiera sido el segundo gol. Espectadores de excepción, los granota no acabaron de agradecer la generosidad del Barça”.
Suficiente.
A confesión de partes, relevo de pruebas, dicen los “cuervos”.
No obstante insisto: ganó el que es por lejos el mejor. Pero hasta en esos glamorosos lugares, se arreglan empates.
Acaban de clausurar la cancha de Vélez.
Tiene que ver con que, espasmos argentinos, estamos demasiado en carne viva por la muerte de un pibe en el recital de La Renga. Además, venimos del debate de Cromañón y su secuela de cientos de pibes muertos, por el uso de bengala en el primer caso y de los denominados “tres tiros” en aquel tristemente célebre recital de Callejeros.
Anoche, en Vélez, usaron “tres tiros”.
Los responsables, espasmo mediante entonces, clausuran la cancha.
Por respeto a todos debieran clausurar TODO aquello que rompa las reglas.
No faltarán voces partidarias que digan “a Vélez sí y a Boca o River o Racing, no”.
Preferirán, las partidarias voces, ver lo que NO se hace en los otros casos y SI aquello que creen, es una “conspiración” contra Vélez.
No serán capaces de advertir que los únicos RESPONSABLES de la clausura son los que encendieron los tres tiros.
Ellos, los simpatizantes, los hinchas, los barras, lo que sean, los que prendieron las bengalas o los tres tiros, SON LOS CULPABLES DE LA CLAUSURA.
No el Gobierno Nacional.
No la policía.
No los políticos.
No el Gobierno de la Ciudad.
No.
Fueron los propios hinchas los que han provocado la clausura.
Vélez tiene el mejor equipo de la Argentina desde hace, mínimo, década y media.
Vélez tiene los mejores técnicos de la Argentina desde hace, mínimo, década y media.
Vélez cuenta, de Games para acá, o sea, del comienzo de los 90 para acá, a los mejores dirigentes de la Argentina.
Pero los hinchas no son mejores que los de Boca, ni los de Racing, ni los de Independiente ni de todo el resto.
A veces le “pelean” a Vélez la condición de “mejor de todos”, Lanús, un rato Boca, otro rato largo Estudiantes.
Pero el que se mantiene es Vélez.
Chapeaux Vélez.
Pero AFUERA de la cancha, reina la confusión.
Hubo un tiempo en que los dueños del Fútbol (los Medios responsables de la Comunicación por tener el Monopolio de los Derechos), creyeron que había que mirar hacia otro lado y no hacia los actos de corrupción, o de violencia, o de desgüace de los clubes.
Y entonces aparecieron los periodistas que se disfrazaban y que confundieron show con periodismo. Las minas casi en bolas oficiando de pseudo-periodistas deportivas (hay honrosas excepciones en ambos casos) o hinchas desaforados que apenas pueden disimular su condición de tales e inventaron esperpentos como los mencionados en el título en los cuales se hace un culto a la irracionalidad, al idiotismo extremo, o a la violencia disfrazada de “folklore futolístico”.
El hincha, en tanto romántico, aquel Ñato de Discépolo, perdió por nocáut frente a las bestias que matan, roban, amedrentan y se han adueñado de los espacios.
Han contado, obviamente, con la mirada cómplice de los medios monopólicos que fueron desplazando lentamente a los periodistas para dejar en su lugar a los “showman” o a pibas que pasan de botineras a, perdón la insistencia, pseudo-periodistas.
Y entonces llegamos a Vélez.
El equipo NO debe ser castigado.
Suficiente será con la clausura.
Digo ésto porque no faltarán quienes quieran sacar alguna ventajita ahora que las papas queman.
Vélez está ganando EN BUENA LEY el campeonato.
No debe siquiera ponerse en duda en tema de los puntos.
Sobre todo porque en Boca y River ha habido verdaderos incendios en medio de sus tribunas, también producto del uso de bengalas y JAMÁS se planteó, siquiera, una clausura como anoche, tras el triunfo de Vélez ante Banfield.
Pero que sea un punto de inflexión.
Que no se repita.
Aunque, lo confieso, soy escéptico en torno al tema. Tanta estupidez a lo largo de veinte años, solo podrán modificarse con otros veinte años de educación y respeto por la ley.
Que haya empezado anoche.
SOLO EN ARGENTINA: BOCA PUEDE PONER A RIVER EN PROMOCIÓN. (En Europa, no se consigue).
Boca, que llega más entero al clásico del domingo (aunque la permanencia de sus figuras haga pensar que el equipo atrasa más de una década).
Riquelme y Palermo fueron los encargados esta vez (otra vez), de establecer la diferencia. Los otros: Chávez, Noir, Mouche y el mismísimo Colazo, son “apariciones” que no terminan de consolidarse.
Llevan dos años tratando. Y lo van consiguiendo, pero tan de a poco que los históricos siguen marcando el ritmo.
Aunque intenten torpedearlo (de adentro y de afuera), Falcioni sabe perfectamente lo que quiere: y esto incluye a Riquelme. Aunque haya miles de voces –interesadas- y aún existiendo la explicación táctica que forma parte de su convicción más íntima (4-4-2 y sin “enganche”), Riquelme (lo marcan los hechos), forma parte de su equipo titular.
“Está bien, juega”, repite como loro.
Y lo critican hasta gastarlo por esto.
Pero no tiene alternativa. Ni la tendrá mientras no sea campeón o no consiga algo importante para poner a Boca otra vez en la consideración seria: un campeonato o jugar la Libertadores. Anque la Sudamericana.
Antes de eso, todo será controversia en torno a lo que diga y/o haga.
Tiene razón, probablemente, pero marcha preso sin que nada ni nadie pueda salvarlo, excepto ganar.
Boca sabe a qué juega (aunque no haya conseguido resultados).
River está en un proceso de mayor formación acaso por una explicación harto simple: aquellos en los cuales deben “descansar” el fútbol y el desequilibrio son casi bebés de pecho. Y, se sabe, los bebés de pecho, se hacen en la cama.
Flor de susto cuando las papas queman.
Por eso Boca llega mejor al clásico.
Esto, claro está, no significa nada.
Porque, como todos dicen, los antecedentes de poco sirven. Los técnicos, en privado, no coinciden. Pero no quieren ir en contra de aquello establecido “pour la galerie”.
Falcioni tiene más confianza, en éste sentido, que Jota Jota.
A propòsito de lo “establecido”, creo haber consignado en alguna que otra columnata anterior, que si el “milagrero” actor de comedia italiana (Carusito Lombarda) seguía ganando y Olimpo junto con All Boys no aflojaban, todo lo conocido puede desaparecer.
Lo supo River desde siempre, pero especialmente a partir del golazo de Juan Pablo Rodríguez ante la inexplicable subida del otro Juan Pablo: Carrizo.
Todos recordamos (algunos por haber estado esa noche allí transmitiendo el partido), el cabezazo de “Chiquito” Bossio en el último instante contra Racing. El tema diferencial es que en aquella circunstancia incluso cabía la posibilidad de que el juez del partido lo terminara con la pelota en el aire, ejecutado el córner. O sea, el partido se terminaba.
En el Monumental faltaban más de 2 minutos.
Carrizo cometió un error.
¿Se lo imaginan en un Mundial?.
Mejor no.
Otro de los que también ha tomado nota es el humorista que conduce Independiente, Antonio Mohamed. “Si nos gana Olimpo, nos deja en la Promoción”, sentenció después del 1-1 con San Lorenzo.
Gracias Mojámed por permitirnos entender la situación.
Vélez, sin jugar, sigue puntero. Y enfrentando las dos competencias. Quizá no aguanta hasta el final. Pero…¿quién podrá quitarle lo bailado?
“NO ME DIERON EL TIEMPO SUFICIENTE” musitó el Profesor. “LA CULPA HA SIDO DE MAGLIO”, fueron sus últimas palabras unas horas antes de provocar una reunión de dirigentes en el insólito horario de la medianoche a los efectos de pedirle que se vaya. “GIMNASIA ERA UN TREN QUE IBA CAMINO AL DESASTRE Y YO QUERÍA ESTAR CON ELLOS EN ESE MOMENTO”. El campeonato da, convengamos para la comicidad, excepto para aquellos que se toman muy en serio –acaso demasiado- la cuestión del descenso.
Uno puede angustiarse y sufrir por el asunto, más la vida sigue. Solo que en fútbol, como en todas las actividades competitivas, no hay que darse por vencido ni aún vencido, como cantaba el poeta.
Pues el Profesor no cumplió con esa premisa y su “bajada” de línea, además de ir contra la subjetividad de Maglio (cosa que merece un pàrrafo aparte), fue derrotista-realista, de entrada.
Raro en un soñador.
De entrada se encargó de instalar en el ambiente que Gimnasia –con él- “era un tren que descarrilaba camino a la B”, palabras más, palabras menos.
Y el equipo lo entendió.
“Cobró un penal que no fue y cambió la historia del partido”. Una constante en el despedido Profesor: la queja por los arbitrajes.
Hay algo que ni aún el Tribunal de Disciplina en este saludable intento de hacer justicia (los jueves) por errores de los jueces (pongamos, por caso, los domingos inmediatos anteriores), no puede modificar: la subjetividad del árbitro en el momento de decidir si una mano fue intencional o no para sancionar la pena máxima.
Puede suceder que para todo el mundo, la mano de Massuero haya sido casual. O no intencional. Es decir: para todos nosotros, supongamos, el marcador central no quiso parar la pelota con la mano cuando la levantó para cubrirse el rostro. Si Maglio considera lo contrario, todos tenemos razón, pero marchamos presos. Porque lo único válido es lo que el juez cree, no lo que cree el resto del mundo, o sea nosotros, Cappa incluido.
En fin.
Después de 2 ganados, 6 perdidos y 4 empatados, Cappa rodó escaleras abajo.
No le dieron tiempo, es verdad, de terminar la tarea y llevar al pobre Gimnasia (que viene repitiendo pésimas campañas desde mucho antes de Cappa), a la B. Cappa no ha sido el responsable de la caída final. Cappa ha sido el último responsable en el período de tres años que lleva un proceso de caida. En Gimnasia del último período. En Huracán, de segundo. Recordemos que cuando se fue en aquel caso a cuatro fechas del final, el equipo que hoy también se debate por permanecer en la categoría de la mano de Tito Pompei, terminó penúltimo.
El campeonato obliga a prestar más atención (por esto de las centésimas) en los puestos de retaguardia que arriba.
Jota Jota no puede relajarse. Como gato panza arriba con un monumental Carrizo debe defender los tres puntitos en Avellaneda.
“Cuando salgamos de la Promoción prestaremos más atención a las calidades del juego”, ha dicho el deté. Cómo discutirlo en medio de tanta histeria?
La cosa es tan irregular –exceptuando a Vélez- que Godoy Cruz le gana a River en el monumental y luego de “come” una lección de eficacia a manos del Arsenal de Alfarito que llevaba 7 (siete!) partidos sin ganar.
Bailado y goleado en San Luis, el Tomba.
Y tan compleja por las centésimas, decía, que Olimpo empieza ganando uno a cero y pone a Tigre en la Promoción, pero el empate transitorio del Matador, lo saca de esa circunstancia.
Dos partidos más que gane el Milagrero impresionante de Caruso Lombardi y dos empates-triunfos de All Boys y Olimpo pueden hacer estallar todo lo establecido.
No nos adelantemos.
Los que sí mantienen la regularidad son Boca y el Rojo de Avellaneda.
Con Riquelme o sin él; con Palermo cortando la sequía y filmando capítulos de su película con goles de taco incluidos; con Mohamed apostando a la Copa o con Mohamed eliminado de la Copa, no consiguen ni siquiera emocionar.
Corren, corren, sudan, se esfuerzan, empatan.
O pierden.
Empatan o pierden.
Transitan su calvario producto de errores propios. Ora de elección de objetivos (“no nos importa el campeonato local, vamos por la Libertadores”, Mohamed, el humorista dixit); ora de insistir con el pasado puesto por delante del futuro, vivir de recuerdos de los buenos viejos tiempos. Aún a Falcioni lo condiciona el pasado y sus protagonistas por encima de la elección que dictarían sus convicciones.
Solo Vélez permanece.
Pero, excepto la irregularidad, nada parece ofrecer garantías. El caso Racing sirve como rigurosa muestra.
27
La de anoche en Madrid, fue la noche en que Lío Messi se volvió indiscutible. Pase lo que pase, gane o no un mundial con el seleccionado argentino de fútbol, Messi se ha vuelto indiscutible.
No estamos hablando de fùtbol.
Ni de talento.
Ni de táctica.
Ni de juego.
Porque ha quedado absolutamente atrás esa discusión.
En una final “sudamericana” por todos los accesorios que tuvo, accesorios vinculados al habla, a “calentar” el partido, al enojo, a la pelea, a la bronca, a las puteadas incluso, Messi marcó la diferencia.
Messi fue la diferencia que hubo entre el Barça y el Real.
Pudieron serlo los técnicos.
O los arqueros para el cero a cero eventual.
Los defensores que habían hecho la diferencia en la Copa del Rey.
Ninguno de ellos pudo hacerlo.
Lio lo hizo.
Lio Messi mantuvo la calma, la frialdad del matador en un clásico caliente.
Ninguna final anterior que jugò y ganò requirió de una fortaleza mental extra a los efectos de abstraerse del modo en que lo hizo.
Ni aquella que él considera más importante (con los ingleses del United).
Tampoco la inolvidable con Estudiantes.
No hubo en ninguna final el odio acumulado a partir de las diferencias entre uno y otro.
La carga emocional de éste Real-Barça no había tenido antecedentes semejantes.
No al menos de los que hemos sido testigos directos o indirectos.
Todo el Bernabeu estuvo bajo emoción violenta.
Messi no.
O en todo caso, la enfrentó, le pegó un baile inolvidable y terminó depositando al equipo en Wembley.
Impresionante.
E inolvidable.
La noche en que Messi se volvió indiscutible.
Y dejar el “culerío” de pregones, algunos de ellos empleados de la Multinacional Catalana (el hijo de Menotti recluta pibes por el interior del país para el Barcelona, por ejemplo. De ahí que no debiera llamar la atención cuando César Luis, el GOFA, habla pestes del Madrid. A diferencia de Gatti, otro ejemplo, que declara ser empleado del presidente del Madrid, los “intelectuales” de la gauche que defiende la “purista idea del Barcelona”, jamás exhibiràn sus recibos de sueldo), dejar el culerío de pregones, les decía, hablando del “Madrid musculoso”.
Es gracioso, claro.
El Madrid hizo un esfuerzo descomuncal, especialmente sus medios y sus defensas. Pero había que ver a Di María y a Ozïl oficiando de una suerte de marcadores laterales a la altura de los 70 metros, no solo desde el comienzo del partido, sino especialmente despuès de 1-0 de Ronaldo en el minuto 102.
Eso es lo que los holandeses bautizaron como “fútbol total”: correr, jugar y ganar. El orden de los factores, no altera el producto.
Tuvieron un tiempo para cada uno, pero el desequilibrio lo hizo una sociedad compuestas por Brasil-Argentina-Portugal. Sería el BAP, no el BRIC.
Marcelo y el “Fideo” triangularon exquisitamente para dejar atrás la marca de Alves, Marcherano y Busquet, que no llegó nunca al cierre.
Milimètrico y exquisito el centro de Di María para que CR7 ni siquiera se molestara en elevarse demasiado. El tiempo del recorrido de la pelota fue el que empleó para verificar el lugar exacto en donde puso el “testazo”.
Fue casi todo del Madrid, excepto una buena parte del segundo tiempo cuando el marcaje excepcional de los primeros 45 minutos no pudo ser sostenido.
Fue el momento de Kasillas, también destacado.
Bilardo solía insistir con aquello de adosarle a la exquisitez sudamericana, el tacticismo y el esfuerzo europeo: aquello de Distéfano “mi quintita tiene 70 metros”. Que la quinta tenga 70 por 70 no significa que haya que olvidarse de la exquisitez ni mucho menos de la técnica. Lo demostró el Madrid, aunque los pregones ortibas de Catalunya insistan con el “músculo” del equipo de Mou, que, por cierto, se las puso.
Ahora viene la semi de la Champions.
A disfrutar.
Es tan magro el producido futbolístico de Boca, que Riquelme se enoja cinco minutos, gasta todo el combustible físico que tiene, se ¿desgarra el abdómen? en el movimiento previo al empate contra Tigre y le alcanza para ser figura y crítico: “no nos pueden hacer 3 goles en la Bombonera”. Si, de hecho no es la primera vez en el éste campeonato. River puntero y Gimnasia del Profesor produjeron el peor partido del campeonato. Lucha palmo a palmo con Boca-San Lorenzo, solo que en Boedo hubo un ganador, y por tanto, algo de alegría.
Los signos de pregunta en torno al “desgarro de abdómen” de Riquelme no tienen que ver con no creerle sino con lo insólito de la lesión. No recuerdo en 30 años un diagnótico similar. No digo que no haya sucedido alguna vez, digo que no lo recuerdo.
Boca ha caido tan bajo que llegaron a la primera un par de muchachos al que solo valdría esperar para ver y evaluar en otro contexto.
Ruiz y Sauro, quienes obviamente, no son los culpables. También a los contratos y compras millonarias, con muchos oropeles y pendorchos como antecedentes, les hicieron 4 los muchachos de Godoy Cruz.
Claro. Tiene que ser, necesariamente, el contexto.
Sauro y Ruiz no pueden jugar como mostraron frente a Tigre.
Insisto con la idea inicial. Riquelme se enoja, se “mete” en el partido, corre hasta gastar lo poco que tiene de respuesta física (contra Estudiantes fue un tiempo completo y alcanzó para ganar, contra Tigre los últimos diez minutos del primer tiempo y fue suficiente para empatar), y hasta convierte. A Riquelme, devenido Patoruzú en éste Boca de Falcioni solo le falta tirar el córner y cabecear.
El resto es francamente un espanto.
No pueden decir los lectores de ésta columna que no se haya hecho hincapié en lo malo del juego de Boca, además de los pésimos resultados.
Los defensores del Planeta Boca y de Riquelme, que se confunden en los tiempos que corren, se han quedado sin argumentos.
Al haberse inventado la pólvora no queda resquicio de pensamiento por dónde entrarle a lo que juega Boca.
¿Están muertos de miedo?.
Probablemente.
No puede explicarse de otro modo que Caruzzo haya cometido una falta contra la línea en la que Galmarini se iba afuera del campo con pelota y todo. De un lateral favorable a Boca, terminó un tiro libre al área para Tigre y una amonestación para el defensor.
O sea, el problema de Boca excede largamente no solo a Riquelme y Palermo y su sequía y a su técnico (que ha hecho todas las pruebas posibles), sino que está para el diván.
En algún otro encabezado se nos ocurrió decir que a Boca “no lo salva ni Tarzán”.
Quizá un pelotón de sicólogos que sean capaces de quitarles el terror con que juegan consagrados y primerizos, excepción hecha con Riquelme.
El problema de Riquelme son sus años y achaques.
Y sino hay un “alrededor” que funciones en el que el volante termine siendo un complemento exquisito (lo que es Messi para el Barça), asistiremos al proceso más doloroso que del que se tenga memoria en la Bombonera.
Sobre todo por el contraste de la actualidad de Román y sus muchachos comparada con el propio Román y sus muchachos una década y media atrás.
El Profesor de Filosofía y Psicopedagogía podrá echarle la culpa al campo.
Si se caen Olimpo y All Boys y no levanta Quilmes, hasta puede zafar del descenso.
Me permito dudar que llegue al final de la historia si llega a perder dos partidos.
Sería un golpe mortal para su currículum aunque está claro que el Pregón de Catalunya está capacitado para flotar a partir del maravilloso verso todos los hundimientos futbolísticos a los que pueda asistir.
Dicen en Gimnasia que ya existiría un acuerdo entre los dirigentes, el Mellizo Guillermo y el entrenador respecto de los futbolistas que serán utilizados en el próximo campeonato si es que Gimnasia sufre el descenso.
De ahí que nada tenga de casual la frase de Cappa que rompió el corazón de los hinchas “triperos”: “nadie murió por irse al descenso”, dijo el Profesor.
Insisto: habría un acuerdo con B. Schelloto y Delmar para armar un equipo de pibes que juegue el Nacional B.
No obstante, éste columnista se permite dudar al respecto.
¿El Profesor descendido?. ¿”Tocando” con su exquisita palabra, cual músico del Titanic?
No lo veo.
Vélez rescató un puntito y Lacadé se dio el gustazo más lindo de los últimos años.
Godoy Cruz juega bien al fútbol. Por eso está donde está.
Fabianni conmueve con la habilidad que maneja los kgs de más y el simpático humorista Mohamed da clases de urbanismo: “nos ganan bien”.
Solo que no explica porqué su equipo juega mal y pierde.

