BOCA Y LA CREACIÓN DE SUS PROPIOS “Frankensteins”. El caso “Mush”, como le decía Bianchi, el mánager que nunca estuvo.

Noticias | Pipo Rossi | 03-04-2010

El tipo, un hincha de los que suelen venir de lejos, se acerca entre tímido y cauteloso a una de sus más admiradas estrellas. Vé que el tipo -la estrella- sube ráudamente a su coche de alta gama (200.000 dólares por abajo de las patas, mínimo piensa), y aún intuyendo el apuro, el hincha aprieta el paso.

La “estrella” lo mira sin mirarlo y  cuando el hombre está cerca, cuando está seguro de que lo escucha le espeta:  ”correte fiera que no estoy de humor”. Sale, la “estrella” en su bólido de 200.000 dólares y si el tipo -que se siente el último infeliz del mundo a esta altura-, si el tipo no se corre, lo pisa.

La “estrella” es Mush, como solía decirle Bianchi, el mánager que nunca estuvo, pero que se llevó de Boca 1 millón 300 mil dólares por su último trabajo.

Mouche. Pablo Mouche.

Uno se queda pensando en qué ganó Mouche. ¿Qué ganó Mouche?. ¿Una copa del mundo?. ¿Acaso de su mano, Boca ganó una Libertadores o una Intercontinental, ahora llamado mini mundial de clubes?. ¿Llevó, Mush, al Barcelona a la final de Europa?. ¿Ganó la triple corona en la Argentina?. ¿Compite con Messi y Cristiano Ronaldo en la votación del mejor jugador del mundo este año?.

No. Nada de eso. Ni cerca.

Mush, Mouche, es un síndrome. Es también una consecuencia: “Si el contrato de Riquelme es de cuatro millones de euros”, yo quiero 800 mil año limpios. No importa si son dólares”.

Y el Boca de Ameal, concede. O concedió.

Y ahora hay que soportar a Mush. Que se la creyó. ¿Cómo no habría de creérsela, Mush?

Mush, apenas un cursiento con plata que no ganó absolutamente nada es el síndrome de aquello en lo cual han convertido a Boca: una marca que pierde valor. Cada día. A cada hora. Vale menos.

El “síndrome Mush” en medio de la pelea por la supervivencia en Boca. Quién te ha visto y quién te ve, querido Boca. Tan lejos del Barça y tan cerca de… Mush.

PALERMO LE DIÓ EL GOLPE DE GRACIA.

Noticias | Pipo Rossi | 30-03-2010

Hay una novela exquisita de Marguerite Yourcenar. Se llama “El tiro de gracia”; si mal no recuerdo, me sale en francés “le-cup-de-gras”, así pronunciado, castellanizando la fonética. También escribió Memorias de Adriano, otra maravilla.

Me acordé de aquelos textos de Yourcenar repasando la imagen de Palermo, acabando finalmente con el pobre Alves.

Le bastó una mirada. Demorar el camino y dirigir la mirada a Alves. Si existieron o no las palabras: “porqué me sacás si estamos perdiendo”, o si el deté no pudo escucharlas, son dos mangos aparte.

Estaba, Alves, en el piso. Liquidado. Acabado por toda la cuenta. Hecho trizas su propio sueño.

¿Qué se le puede reclamar a Alves?. Genéricamente que cometió errores de conducción, que se equivocó con los cambios, que no fue capaz de poner orden en un barco que se hundía, que fue contradictorio.

Se le puede reclamar su exceso de terrenalidad en una constelación de estrellas.

Nada podrá decirse en cambio, sobre su visceralidad. Está en su derecho, Alves, de ser visceral. Y expresar lo que siente.

Si nos bancamos las onomatopeyas de Ramón Díaz y el discurso ininteligible de Bielsa, porqué no habríamos de tolerar el grito a corazón abierto de Alves.

Raro en Palermo.

Raro que alguien que ha sabido volver de tanto sufrimiento, aplastara la cabeza del pobre Alves con solo mirarlo.

No hacía falta.

Era innecerario.

Acaso sea, ese gesto de Palermo para con el Chueco Alves, la última descripción de la decadencia de este grupo de próceres de Boca, que está más afuera que adentro y que forma parte, cada minuto que pasa, del pasado que fue.

Glorioso.

Pero fue.

SOBRE BANDERAS, APOYOS COMPRADOS Y PASAJES Y ESTADIA PARA SUDÁFRICA: la otra cara del “confronto” Maradona-Riquelme.

Noticias | Pipo Rossi | 27-03-2010

Nos nos asombremos de ver a la Barra Brava de Boca en Sudáfrica. Lo que deberá asombrarnos, en todo caso, es su ausencia.

La Barra colgó Banderas cuyo costo debe medirse en pasajes y estadía para el Mundial: “Diego querido, la Doce está contigo”, mientras todo el resto del estadio, pedía por el retorno de Riquelme al seleccionado argentino.

Maradona fue a tragarse un sapo a la Bombonera, apostando acaso en su más íntimo ser, a un batacazo -imposible- de River.

Pero antes se aseguró de que los bravos, los que arreglan sus cuestiones a tiros en las cercanías de la Plaza Lezama, estarían con él. Gritarían por él. Amenazarían por él.

Las banderas eran todas igualitas, como si alguien, a quién también se le paga por su trabajo obvio, las hubiera hecho de una sola vez.

No tiene sentido insistir con la dicotomía Maradona-Riquelme en la selección.

Riquelme considera a Maradona como a un ser que, a pesar de tener sus mismos orígenes, tiene otros códigos. Para Riquelme, Maradona se parece a Pelé. Formó parte, inclusive el actual deté del equipo nacional, del grupete que “le hizo la cama a Basile”.

Y Riquelme, de códigos rígidos y esenciales, no se lo perdona. Con Maradona al mando, Riquelme jamás jugará en el equipo.

Por encima de estas cuestiones, digamos, de carácter, están los egos.

Maradona, Riquelme y sus Egos. La argentinidad al palo, en definitiva.

De un lado, podría describirse, estuvo en la Bombonera la Argentina que pagará su ida al mundial en cuotas, o que sufrirá frente a la tele. Ellos, ingenuamente, reclamaron por Riquelme.

Del otro, estuvo la Argentina que vive al mágen de la ley, la que no necesita entradas para asistir a los partidos; la que es tradalada -y custodiada- por la Policía. La que organiza tours adrenalínicos para turismo europeo en busca de emociones fuertes. La que suele matar. La que trafica todo tipo de estimulantes y también influencias.

Esa que, vestida de cordero pero más lobo que nunca, estará en el Mundial.

CLÁSICO A LA MEDIDA DE ROMÁN; la Historia, cruel con el Muñeco Gallardo (una continuación del “largo adiós”).

Noticias | Pipo Rossi | 26-03-2010

La imagen, virulentamente contrastante.

La risa a cara entera de Riquelme, el gesto adusto del Muñeco Gallardo.

Para colmo se viene el tele-been de la mordida a Medel.

Con flashback a los arañazos del 2004. Aquellos al Pato Abbondanzieri, hoy feliz en Brasil.

Cruel, como dice Simeone, ésto del fóbal.

Pero no casual, añadiría el sentido común. Ya se viene, en breve, el retorno de José María Aguilar como agente Fifa.

Aguilar y sus muchachos, los que dejaron tierra arrasada en River, se aprestan para volver al ruedo como agentes Fifa.

Entonces…es casual o causal lo que vive River Plate, tu grato nombre?

Un Boca “rengo” desnudó la  -permítanme el oxímoron-  la inmensa pequeñez de River. 

Le pasó de todo a Boca.

Se le inundó la cancha.

Se le lesionó Ibarra el lunes posterior a la suspensión del partido.

Su técnico estuvo a un paso de irse post-partido, pasara lo que pasase.

Vino Maradona a la cancha después de un año de estar peleado con el ídolo Riquelme.

Riquelme dejó claro que podía ser el último clásico que jugara con la camiseta de Boca.

Unas horas antes del encuentro, algunos de sus futbolistas sufrieron una intoxicación producto de algún virus en lo que ingirieron en la cena del miércoles. Perdió entonces, a Morel Rodríguez, titular indiscutido en éste Boca.

Tuvo, como consecuencia de las lesiones, que debutar el colombiano Bonilla.

Debió improvisar a Muñoz como marcador lateral por la derecha; alguien que tenía un único antecedente (con los juveniles dirigidos por Miguel Angel Tojo hace más de cuatro años).

O sea, le pasó todo lo que podía pasarle en cuanto a lo que algunos llaman suerte, o falta de suerte.

Con todo en contra, ganó.

Dio la sensación de que el pibe (más pibe que nunca en un clásico por los porotos; he allí la ilusoria cuestión de los veranos plasmada como nunca), Rogelio Funes Mori podía disponer de una docena de posibilidades frente al arco.

O la tiraba afuera.

O se la entregaba a las manos de García.

Inmensos Riquelme y Medel.

Inmenso el esfuerzo de Palermo y Riquelme por estableces lazos dentro del campo de juego que no existen fuera de él.

Lo buscó toda la tarde Román a Martín.

Intentó todo el partido también Martín, incluso con esos intentos fallidos de taquitos defectuosos, en la infructuosa búsqueda de  Román.

No lo consiguieron.

Pero el intento se vió coronado por un merecidísimo triunfo.

Ni siquiera hizo falta brillo.

Bastó con el coraje y la decisión.

River fue un equipo chiquitito.

Más pequeño que nunca en el campeonato.

Profundizó todas sus carencias.

Quedó desnudo en su impotencia.

En su falta de jerarquía.

Con ex jugadores adentro (el pobre Gallardo, que no da más) provocando la añoranza de ex jugadores de afuera (el pobre Ortega, que no acierta el lugar y la hora de los entrenamientos entre semana).

El clásico fue para Boca.

Después de los 11 minutos del domingo pasado por agua y de los 79 de éste jueves soleado y bien porteño, no hubo un solo instante en que quienes estuvieron en la Bombonera pudieran tan solo sospechar que el resultado podía ser otro.

Adiós Gallardo.

¿Adiós Román?

ROMÁN Y EL “MUÑECO”… y el largo adiós.

Noticias | Pipo Rossi | 20-03-2010

En el momento de escribirse éstas líneas todavía no se ha jugado el clásico en el que pueden decir “adiós” dos jugadores-símbolo de la última década y media de River y de Boca.

Ambos han sido premonitorios: “puede ser, -han dicho- mi último clásico”.

Los dos han ido y vuelto con más pena que gloria a Europa. Ni el Mónaco dejó grabado su nombre en la Champions League por obra y gracia de Marcelo Gallardo, ni el Villarreal pudo salir de su condición de pequeño simpático de España aún cuando Román dejó su estampa de caballero exquisito -y frío- que metía estiletazos rotundos o perdía el penal clave por pegarle despacito y a las manos del arquero.

También supieron ser los elegidos máximos de entrenadores de selección.

Passarella fue lejos hasta el lo simbólico: le dió la número 10 a Gallardo cuando el Planeta Fútbol quería seguir vivando por Maradona, hubiese rinoscopías o no.

Román fue el jugador fetiche de Pékerman y Basile.

Bielsa desechó a ambos, juega sin enganche el Loco del Campo, suceso chileno hoy por hoy.

“Qué importa lo que haga con su vida personal, que juegue Maradona”, le pedía (mos) la popular y la cátedra al pobre Daniel Alberto, a cargo del inolvidable grupo de boy scouts de pelo corto.

Gallardo se lucía, y comenzaba a madurar su liderazgo, en River. Corrían los después demonizados 90 de Carlitos Saúl Primero de Anillaco, el mismo que ha vuelto a la popularidad a faltazo limpio en el Congreso. “¿Soy importante o no soy importante?”, le dice a todos, Carlitos.

Un millón ochocientos mil dólares por año ganaba Gallardo en ese River multicampeón de Ramón. Y además los premios.

“Cómo me voy a ir de Vélez si gano lo mismo que Gallardo en River, con la diferencia que nosotros ganamos más torneos que ellos”, diría en esos noventa memorables, el filósofo José Luis Félix Chilavert.

Y claro. Para qué irse.

Con el 1 a 1, en Argentina, en los clubes de fútbol, se ganaba no igual, pero parecido a Europa.

Después nos vino, con la crisis del 2002, el baño de realidad, del que la mayoría hemos salidos. No así el fútbol. Para seguir en la burbuja, al menos por un tiempo más, está el Estado.

“Creían que yo arreglaba con Clarín por atrás… menos mal que estaba la Señora” dijo Julio Humberto I de Viamonte, the Pope, el titititero mayor, mientras esperaba hablar con Mauro Viale por radio.

Luego, convenientemente, le echó la culpa a sus imitadores. Genial Julito. Si no fuera ridículo, sería una tragedia. Creo que vamos a adoptar para siempre, la frase de Pompeyo-Presentador, de la que ya hemos hablado.

Román mantuvo su 1 a 1.

Fue uno de los pocos que mantuvo su 1 a 1, Pompilio mediante. Por eso le sigue “agradeciendo a un presidente que no tenemos”, o asegurando que mantiene su palabra con el que ya no está.

Imposible que Pedro lo desmienta, claro.

Y con el detalle delicioso “del año gratis”, éste que está corriendo.

Román está jugando “gratis”. Claro, el contrato que mantuvo con Villarreal-Boca era por dos años (vigente allá, al momento de ser desechado por el ingeniero Pellegrini, el que alarga su agonía con el Madrid y quizá quien te dice salve su propia cabeza si a) gana la Liga, b) se la gana al Barcelona, c) el Barça no da otra vuelta por ganar la Champions en el mismísimo Bernabeu),  era de dos años allá, les decía,  y pasó a ser de tres acá por la misma cifra (tres millones de euros en total, limpios).

Entonces el tercero, éste, el de la peor campaña de la historia de Boca en comienzo de campeonato, con Ameal, Ischia ido, Bianchi traido como mánager, Basile, alias “los bajitos me hicieron la cama”, y el cambiante Alves, es el que Román ”juega gratis”.

Los dos son líderes natos. Bravos. Dificiles. Complejos. Líderes al fin.

Los dos han sabido dejar en off-side a aquellos entrenadores que osaron intentar coparles el vestuario. Gallardo acabó con Merlo, the big Mostaza, en menos de lo que canta un gallo.

Román no hizo su mejor esfuerzo cuando el Maestro Tavarez era el DT de Boca, segunda selección, segundo intento, segunda parte. Y ganó el Independiente de Gallego el campeonato.

Y ahora se enfrentan -Román y Marcelo-  a su inexorable final.

Jugadores de pegada exquisita. De técnica excelsa.  De goles inolvidables. De partidos importantes. Enganches. Diez. Armadores. Que te pueden ganar el partido solitos. Entrañables.

Llegan a ésta instancia tratando de irse de éste mundo, el mundo del clásico de los clásicos, con el mejor recuerdo. Solo hay lugar para uno.

¿Quién se lo ganará?

ORTEGA PIDE QUE EL SHOW CONTINÚE. Las inversiones-gastos del fútbol-juego-negocio. Kusturica, Pelé, Maradona, Nike, todos… un solo corazón.

Noticias | Pipo Rossi | 13-03-2010

La “Maquinaria” solo exige resultados. No se interesa por la humanidad de quienes juegan su juego. La “Maquinaria”, el negocio, ese del que muy simpáticamente un fat nacional, popular y siempre Correcto Político dice formar parte en los documentales “serios” de Encuentro, le importa poco la autodestrucción de los “eslabones”.

Lance se droga pero gana 7 Grand Tour de Francia al hilo?

Maravilloso.

El gran fat dice: “qué maravilla, tenía cáncer en un huevo y vean cómo se recupera y rompe récords”. Su canal, claro, tiene los derechos para tranmitir en vivo todas las incidencias. Lo mismo con los atletas.

La “Maquinaria” ya se ocupará de destruir “por derecha” a los que osen romper sus reglas de doble moral.

El Negro Wood, pobre infelíz, que tuvo que ponerse a explicar que se había “comido” diez  o quince putitas a cambio de 15 mil dólares la hora.

La “Maquinaria” te da por derecha. Te abre cuentas en los bancos y pone a tu disposición toda la parafernalia mediática. Te hace millonario.

Si vos te drogás, te acostás con travestis, tomás cocaína, fumás marihuana o vivís en “pedo”,  es cosa tuya.

Lo único que exige la Maquinaria es que lo mantengas entre tus cuatro paredes.

Vos no podés pretender hacer lo que se te cante sin costos.

Le ha pasado a Maradona.

Le pasa a Ortega.

River gastó-invirtió más de 5 millones de euros desde que Ortega retornó, huyendo de Turquía bajo la tutela del inefable támden Papa-Papada (Julio Humberto I de Viamonte+José María), y ahora le debe 800 mil dólares.

Además de los 5 palos E, ahora le debe 800 mil de la moneda norteamericana.

Por eso Ortega pone voz de víctima por La Red y dice: “si es algo extrafutbolístico, que me lo digan de frente”.

Claro: lo que quiere es irse conflictivamente de River para que quede documentada en 10 cheques de 80 mil dólares por mes, (dólar a futuro, obvio), la deuda.

Ortega usa a la Maquinaria. La Maquinaria usa a Ortega y todos contentos.

En medio todos los hinchas-consumidores, que “jeropamente”, toman partido en el cyber espacio. O van a la cancha a desgañitarse.

No hay aquí ni víctimas ni victimarios. Todos son, seamos amplios, pecadores gustosos. Algunos pecan contando “verdes” y otros descorchando tintos con la compañía de travestis.

Por eso resulta tan pateticamente horrendo el documental de Kusturica (Maradona by Kusturica) que se emite por I-Sat y tuve la desdicha de presenciar el jueves por la noche.

“Qué dignos que son los pobres”, dice el obeso que no se tira un pedo sin cobrar en dólares mientras al cineasta se le cae la baba y hace dibujitos en los que Bush y Tacher son malos, muy malos.

Ellos, Maradona by Kusturica, son buenos. Los más buenos de todos. Acompañan Evo y el diputado Bonasso.

La cámara discurre, desde arriba de una Van de 172 mil dólares de valor, por  Fiorito donde el pobrerío pasó, pasa y pasará hambre sin que Maradona by Kusturica pogan un mango jamás. Más bien recauden a caballo de la descripción del horror del que culpan, obviamente, a Tacher y Bush. Y los políticos argentinos que en la voz del obeso “son todos corruptos; a mi me ofrecieron muchas veces pero yo los mando a la mierda siempre”. Kusturica, el jeropa balcán, a punto de ahogarse en su propia baba.

No se le ocurre hacer un flashback con las fotos del obeso como embajador de Menem, o de chiquilín pelado junto con Videla, el asesino, o con el inepto absoluto de De La Rúa en la casa rosada.

No.

Tampoco se pregunta Kusturica by Maradona por el costo de la camisa Versace que lleva el Obeso y que serviría para darle de comer a 10 familias en Fiorito durante meses.

Casi todo está en venta en la Argentina. Hasta el seleccionado y sus espacios publicitarios, más partidos, más camisetas, más historia, están en venta.

Usan conferencias de prensa para lanzar campañas publicitarias.

Y, como ganan, quedan legitimados. 

Cuando ganan, la Maquinaria legitima.

Cuando pierden, van a la picadora de carne. Es lo menos que se merecen. Es lo menos que, acaso en diferentes grados, nos merecemos.

“Si no fuera ridículo, sería una tragedia” dice Pompeyo Audibert, el Animador en la genial Marathon de Ricardo Monti que por estos días se exhibe en el Teatro Nacional Cervantes, mientras un grupo de parejas sigue bailando por un premio que desconoce hasta -literalmente- morir.

Una metáfora de todos nosotros pero sin la cámara pseudo paternalista del Gran Jeropa Balcánico.

Kusturica… andate a la reputamadre que te parió. Y llevate con vos al Obeso Impostor. Al menos nos quedará el consuelo de ser mínimamente conscientes de lo que pasa a nuestro alrededor.

PAREN LAS ROTATIVAS: MARADONA AMAGA CON SER TERRENAL.

Noticias | Pipo Rossi | 06-03-2010

Asistimos al primer acto que puede leerse de modo positivo desde que Maradona asumió como técnico del seleccionado argentino de fútbol.

Maradona asume que su equipo, el seleccionado, es un equipo chico.

Asume, el DT, que el mejor jugador del mundo, Messi, lo es cuando se pone la camiseta del Barça. Allá sí. Acá se lo sigue esperando.

El petit-blog no está en condiciones de auscultar la cabeza de Messi.

Qué pasa en el recóndito cerebro del jugador que allá brilla, o se suelta, o se integra, o es felíz, o hace goles decisivos, o consigue desmarcarse, o tira paredes con sus compañeros, o (Ud. tiene la posibilidad de agregar los items que considere necesarios), y aquí no, es inexplicable para este escriba.

Una batería de psicólogos o psiquiatras, o la mamá, la novia, el papá, el tío y la mar en coche incluida la religión o las creencias pueden ofrecerle, quizá, alguna respuesta al atribulado catalán de sangre rosarina.

Hay algo que va quedando claro: no será el “ungido” por Maradona para estar al mando del proyecto.

Maradona confía, antes bien, en Mascherano, en la Bruja Verón, en el impresentable Heinze, antes de darle la capitanía y con ella la representatividad a Lionel Messi.

Esto se ha hecho particularmente perceptible de Diciembre para acá, cuando Messi viajó desde Oriente para estar presente en Catalunya y llegó solo hasta la habitación del DT para pegar la vuelta tras la negativa a su pedido de ser el Capitán.

No será el ungido Messi.

Será complemento del equipo argentino a caballo de su propia fortaleza mental o no será nada.

Pero volviendo al punto de partida: Maradona se ha “humanizado”. Ha bajado a la tierra. Ha advertido que tiene un equipo chiquito, al que no le sobra nada, excepto dudas en defensa.

Por eso habla del “cero en el arco propio”.

Ni la filosofía de Menotti del 78, ni la de Bilardo en el 86: la de Italia 90; nos metemos atrás e intentamos ganar de contragolpe.

¿Exquisiteces?, ¿buena técnica?, ¿caños?. Primero a asegurar el cero en el arco propio, luego a ver si se puede ganar y después dispondremos de la eternidad misma para sacar conclusiones respecto de las calidades del juego.

Pero se ha asumido como pobre, periférico, dependiente, pequeño, equipo chico. La Argentina de Maradona es un equipo chico que deberá pelear por la superviviencia en Sudáfrica. Que deberá parir cada partido. Que deberá ir de menor a mayor.

No es poco. Mirarse al espejo y ver la realidad. Sin distorsiones. Sin demagogia. Sin soberbia.

Es lo que ha hecho Maradona. 

Volverse realista y terrenal.

Puede ser el punto de partido a, efectivamente, hacer un buen mundial.

MARADONA, LA PLUSVALíA, Y EL AMOR A LA CAMISETA. Un par de días antes de Alemania.

Noticias | Pipo Rossi | 28-02-2010

A 72 horas del partido contra los alemanes hay quienes sueñan una debacle que pueda hacer cambiar la decisión de Julio Humberto I de Viamonte: un cero cuatro abajo en Munich y que, efectivamente, Maradona y el responsable de los negocios Alejandro Mancuso, su ayudante de campo, sean eyectados.

No da la sensación Grondona de estar dispuesto a tomar semejante determinación. Entre otras cosas porque está curado de espanto: se suponía que con Bielsa todos los demás iban a jugar por el segundo puesto. Y ya sabemos lo que pasó.

Existe además una condición esencial básica que sostiene al DT en su puesto: la gratitud del viejo dirigente. Grondona le debe su lugar en el mundo a Maradona. El 78 (el título mundial conseguido en ese año), queda exageradamente lejos y además, forma parte de esos recuerdos que se viven con enormes dosis de contradicciones (la “fiesta de todos” en medio de una matanza, secuestros, apropiaciones de bebés y robos escandalosos, más la más fenomenal transferencia de poder e ingresos de los trabajadores a los poderes fácticos y al estáblishment económico; el que defienden Clarín por razones más terrenales y La Nación, por doctrina claro y razones “terrenales”, dinero, cash, poder en fin, también).

Fueron el 86 y el 90 (con un confortablemente “adecentado” gobierno democrático en el poder), los triunfos que le permitieron a Grondona llegar a donde llegó.

Incluso se ha permitido romper el acuerdo con el Imperio antes de arreglar con la muchachada K los derechos del “fóbal para todos”. Ni con Menem lo hizo. Alguien “durmió” en los laureles del lado privado.

Maradona entonces, pare a Grondona poderoso.

Paradojas de los tiempos: Maradona ha sido mil veces impiadoso con Grondona; sin embargo de no haber sido por sus genialidades en los buenos viejos tiempos de futbolista, hace ya mucho tiempo que hubiese rodado escaleras abajo.

Es cierto que después vinieron todos los “acuerdos” necesarios con el poder político (esto es el poder real con tiempo de duración decidido de antemano): Alfonsín, Menem, DelaRuina, y ahora, mucho más espectacular claro, el castigado K.

Y CFK obviamente. 

Grondona sabe que Maradona, dirgiendo, es un mono con navaja. Dispuso de toda la histeria mediática de la clase media que detesta a Maradona para echarlo en más de una ocasión.

Pudo haberle dado un buen shot-al-ort dopo de Brasil o luego del célebre “que la sigan ma…”.

Pero no lo hizo.

Por cuidados?. Por formas?. Por miedo?

De ninguna manera.

En primer lugar porque no se le canta. Porque es (Carlitos I de Anillaco con su actitud de no venir a la sesión del escarnio kirchnerista, se le ha parecido virulentamente en estas últimas horas), uno de los pocos humanos que hace CASI todo lo que quiere.

En eso consiste el poder: hacer lo que uno quiere. No importa la voluntad o los deseos de millones. Histeria clase media para las radios que vociferan.

Grondona hace lo que quiere. Lo saben todos, hasta los más poderosos. Y así se irá de éste mundo: haciendo lo que se le canta. Y lo que se le canta es poner a Maradona porque fue quien lo parió para siempre, el que le dió la “vicepresidencia del mundo”.

Y además no hay una sola garantía de que desde la conducción técnica se acceda al titulo mundial: es la cabeza y la condición de los futbolistas. Como nunca ha aprendido Grondona que los jugadores estarán por encima de todo en la elaboración de un triunfo en Sudáfrica. O una caida. Maradona es puro show. Pero también se le “mancaron” Bielsa y su pollo, Pékerman (“cómo no vas a poner a Messi, pedazo de pelotudo”!!! le espetó apenas lo tuvo cerca despuès de la eliminación por penales contra Alemania en el 2006).

En suma: Grondona prende velas para que lleguen bien Verón, Messi, Higuain y and demais. Confía, Grondona, en que “los de arriba” hagan todos los goles que serán necesarios para disimular las carencias que el equipo tiene en defensa.

Maradona es un accesorio de lujo.

Lo saben los K.

Ya deben haber tomado nota en el gobierno acerca de los dichos de Maradona: “no quiero jugar el partido del 24 de Mayo con Canadá. Quiero que al mundial lleguen frescos”.

“Quiere cuidarlos, lógico”, me dice Fabián Doman.

No.

El tema es que ese partido (24 de Mayo, festejo del Bicentenario), es una devolución de Julio Humberto a CFK despuès del acuerdo millonario que nos pone como pagadores del salario (la plusvalía), de los jugadores y cuerpo tècnico, a todos los argentinos, al Gobierno.

Y, hete aquí que no está en la lista de todos los partidos que  organiza Santa Mónica (capitales españoles, básicamente, con “patas” argentinas y un CEO de lujo: Georgie Valdano, hombre de izquierdas con salarios de derecha).

O sea, Maradona no cobra un peso por ese partido, el del Bicentenario. Por eso no lo quiere jugar y si en cambio, presentar despuès del 24 en Alemania para otro amistoso: en ese sí se llevaría la tarasca.

La sangre no llegará al río. Ya lo llamarán de gobierno a Diego y le extenderán un cheque correspondiente y allí estará el hombre, arengando sobre las bondades de la camiseta argentina.

Los jugadores y los tècnicos, los verdaderos “hacedores” del negocio-producto fútbol, deben llevarse la parte del león. No lo pongo en duda.

Me parece obsceno, eso sí, que haya tamaña diferencia de ingresos. Hace a la diferencia entre los extremos de mayores y menores ingresos. Cuando leemos “se amplió la brecha entre el 10% de los que más ganan con el 10% que gana menos en la Argentina”, tiene, entre otras cosas que ver con ésto.

Lo que no me banco es que se haga, se diga, que es “por amor a la camiseta”.

En ese sentido, era mucho más directo y claro el filósofo guaraní múltiple campeón con Vélez, José Luis Félix Chilavert.

En fin… se viene Alemania y allí, cobran todos y va gratis por tevé. Porque el fútbol, se sabe, es “para todos”.

Plusvalia (definición del diccionario): Parte del valor generado por el trabajo del obrero, por la utilización de su fuerza de trabajo, que queda en poder del capitalista dentro del análisis marxista. La fuerza de trabajo es una particular mercancía cuyo valor de cambio (salario) es menor que el valor que aporta alproducto. La diferencia entre el salario pagado al obrero y la parte del valor que éste aporta al producto (valor) se llama plusvalía.
Para el marxismo, la fuerza de trabajo es la única fuente de plusvalía, la única creadora de nuevo valor. Las materias primas y maquinarias utilizadas sólo transfieren su valor al nuevo producto. No lo incrementan. Siendo así, durante la jornada de trabajo el obrero debe crear valor para cubrir su salario, y la plusvalía que corresponde al capitalista. El tiempo que tarda en crear su salario es el tiempo de trabajo necesario, en tanto que el que corresponde a la plusvalía, es el tiempo de trabajo excedente.

BOCA modelo Veinte10 ó… el derrumbe de los mitos.

Noticias | Pipo Rossi | 15-02-2010

El Pato Abbondanzieri y Martín Palermo (por ahora),  piensan si resulta más conveniente desde todos los puntos de vista posibles (económico, profesional, deportivo, relaciones públicas and demais), irse de Boca con una plaqueta de agradecimiento en Junio próximo, o aprovechar algún ofrecimiento (propio, esto es de sus representantes a equipos o de los otros, o sea, de un club para con ellos), para pegar el portazo.

Saben, igual que el Negro Ibarra, que las cartas están echadas.

Georgie Love Ameal a la cabeza, como así también aquellos dirigentes que han retomado el control del Departamento Fútbol tras la salida de la dupla B-B con entrepitoso fracaso incluido, han tomado la decisión de pasarlos a retiro.

El único que, por ahora “zafa”, es Jota Erre Riquelme aunque nadie está a salvo en el Planeta Boca. Es que hay que bajar dramáticamente los costos en el club.

Esos voluminosos costos que obligaron a dibujar en el rubro “futuras ventas” la nada despreciable cifra de 57 millones y pico de pesos cuando se elaboró el presupuesto del corriente año.

Alves no actúa solo.

Cuando Alves toma la decisión, primero salomónica de sacar uno de cada “bando” (Ibarra de las huestes de Riquelme, el Pato, entrañable amigo de Martín), no está por su exclusiva cuenta.

La dirigencia de Boca, que quiere sacarse de encima del modo menos doloroso posibles esos contratos a partir de Junio, está detrás de esas decisiones.

Alves, incluso, saca a Palermo para dejar en claro quien está al mando en Boca.

Y no hablo del técnico, precisamente. Hablo de Riquelme.

Para todos han pasado, inexorablemente, los años.

Permítanme un “flash-back”, una vuelta atrás en el tiempo.

Vuelvo tres o cuatro años atrás.

En primer lugar, sigo asomado al Planeta Boca. Es el Chino Benítez el DT. El Chino acaba de contarle hace pocas semanas a Mariano en su programa (hablo de Closs, obviamente; la familiaridad es porque lo siento muy cercano afectivamente al “Quía”, entiéndanme); acaba de contar el Chino les decía, que el grupete lo “tumbó”, lo echó, le “hizo la cama”.

Él hace referencia a Guillermo, a Palermo y al Pato luego de aquella desdoroza eliminación en la Sudamericana, escupitajo-foto-shop mediante, según él.

Benítez dice: “me tumbaron”.

Doy fé de su pensamiento y ahora me siento totalmente autorizado a hacerlo público una vez que él propio protagonista ha decidido hacerlo en primera persona.

Cuando un grupo de automarginados de manera momentánea, como el suscripto, y otro muy buen grupo de personas y periodistas, hacíamos “Polémica en los Estadios” por Canal 7, bajo la producción ejecutiva (el que pone la “tarasca”) del inefable Gran Petiso Oscar Martínez (lo que nos reíamos en las dramáticas reuniones de producción en la que no faltaban celulares arrojados contra el piso, paredes o techo; algún día voy a contar el back-stage de aquellos momentos inolvidables), se produjeron los hechos de referencia: la caida del Chino Benitez.

Era el propio Chino mi Fuente de información celular mediante. Y lo pongo con mayúculas porque sigue existiendo por ignorancia o por prejuicio, la idea de que los periodistas protegemos la “fuente” cuando inventamos una información.

No digo que exista, en mi profesión, algún deshonesto que efectivamente lo haga.

Pero no es mi caso.

Defiendo con uñas y diente el secreto de las fuentes informativas porque son, ni más ni menos, que la posibilidad de construir la primera versión de la historia, o sea, la crónica periodística.

La calidad de la crónica son dos mangos aparte. Ya quisiera escribir como Tomás Eloy Martínez. Pero me sale lo que me sale.

Sigo: el Chino contaba con dosis parecidas de dolor y bronca que el grupo había decidido dejarlo caer. No hacer nada para sostenerlo. Y lo hacía en los cortes publicitarios, para sostener, ratificar, apuntar, profundizar, o disentir con algo que se hubiera vertido en forma de opinión o de info durante los bloques del programa.

Llamaba -frenético- el Chino gastando celular a rolete.

Y entregaba su parecer además de los detalles.

No digo que sea verdad. Digo que es “su” verdad a partir de “su” percepción. Benítez está convencido de que a él lo tumbaron. Igual que Basile (“los bajitos me hicieron la cama” ha dicho en rueda de amigo para referirse a Messi, Agüero bajo la tutela y manija del actual DT, Diegote).

No estaba allí, en ese grupo, Riquelme, quien pasaba de los buenos momentos a la mala relación con el Profesor Pellegrini en el Submarino Amarillo e intuía su retorno -triunfal en el 2007- al club.

Estaba Riquelme en duda para los europeos (Van Gaal y Pellegrini), con certeza de pulgar abajo para Bielsa, indiscutible para Basile o para el mismo Pékerman, que lo tendría como referente en Alemania 2006.

Y he allí el otro detalle de la historia, el mundial en Alemania.

Se lo discutía a partir de lo que se intuía como una suerte de fragilidad esencial física de Riquelme. Y lo más fuerte: aquella sensación que transmite respecto de comprometerse cuando le interesa realmente (el Boca campeón con Miguel Russo en el 2007), o darle absolutamente la espalda al proyecto, por fascinante que éste pueda parecer (su paso por Barcelona).

Riquelme es así porque Riquelme siempre fue así.

Lo tomas o lo dejas.

El asunto es que han pasado, como decía, los años para todos.

También para Riquelme. También a él habrá de costarle mucho más cada día o cada hora que pase. Ni hablar de meses o años.

Mientras Verón se “fortaleció” físicamente (ni hablar de su cabeza), Riquelme fue haciendo más patentes las “lagunas” futbolísticas.

Y además están las “confrontaciones”. La última con Maradona ha sido de dos grandes egos. Y le ha tocado “perder” por su solidaridad con Basile (ver: “El Secreto mejor…”).

La actualida pura y dura es Boca. Es Alves. Es el derrumbe -en fin- de ellos, los mitos vivientes que siguen resistiendo o intentándolo y perdiendo la partida, contra el paso del tiempo.

Junio es el destino final para la generación dorada de los “macris-boys”. Comienzan a volverse más historia que presente. Y a nadie le gusta transformarse en un “ex”.

Ni siquiera -mucho menos- a los más grandes.

Riquelme y Palermo lo fueron.

“…y aunque sabés que te dicen viejo borracho, sos tan bueno que ni siquiera al diablo los mandás, los mandás…” (estribillo de BAJASTE DEL NORTE, de León Gieco).

Noticias | Pipo Rossi | 09-02-2010

Volvemos algunos años en el tiempo.Puede que se trate, por ejemplo, al momento en el pasado en el que Ariel Ortega “huye” con la ayuda de Julio Grondona (que lo habilita desde la FIFA), desde Turquìa camino a Rosario para sumarse al campeón rojinegro conducido por el Tolo Américo Gallego.

En ese momento, estoy trabajando en el Carrusel, de la Cadena 3 Argentina y decido llamar a Ortega para preguntarle sobre su experiencia en el cercano Oriente.

Para encontrar a Ortega le pido ayuda a Juan Berros, antigüo amigo-representante del jujeño.

Juan -seco y duro como suena del otro lado- me dice: “Ortega no va a hablar con vos”. Un segundo despuès, recuperado de la sorpresa le pregunto por qué, cuál es el motivo; qué diablos he dicho de Ortega en la antiüedad como para que no quiera ni tan siquiera recibir un llamado, no ya salir al aire.

“Vos le dijiste borracho en Tribuna Caliente” en Telefé, me dice.

Es al año 2004, recuerdo, y la última vez que hicimos “Tribuna” en Telefé, fue antes del 2000.

Más allá del tiempo transcurrido y de las fallas en que puede incurrir la memoria, que me pasa, le digo a Juan: “Es imposible Juan. Yo podría hablar eufemísticamente de “problema personal”, incluso de “adicción”, jamás le diría “borracho” a alguien”.

“Jamás”, le insisto.

“Está grabado”, redobla la apuesta Berros.

“¿Yo en cámara?”, le digo.

“No. Se escucha en off”.

“Entonces hay un error de apreciación en la voz; te repito, es IMPOSIBLE que yo le haya dicho de ese modo a Ortega”.

Y nos despedimos.

Obvio es que no volví a hablar con Ortega. Aunque alguna vez, ya en éste tiempo moderno, le envié un mensaje de texto pretendiendo aclararle la cuestión. Desconozco si recibió los mensajes porque nunca los devolvió. Le dije que no era factible que yo le hubiera calificado así. Y le conté con menos palabras, la historia que ustedes leerán a continuación.

Mi Viejo, el Tolo Rossi, campeón con el Bell de Bell Ville en el 57 y en el 59,  exquisito segundo zaguero central que rechazaba de “chilena”, tuvo en sus últimos años, la misma adicción que Ariel Ortega.

La misma maldita adicción, el alcohol.

Mi Viejo se había pasado casi 30 años de su vida laburando en un frigorífico de mi pueblo. Imposible, pensé muchos años despuès, que no se “quebrara” por algún lado, intentando justificar aquel dolor. Que no aflojara.

El esfuerzo había sido rematadamente exagerado para que, entre otras cosas, tuvieramos una casa propia o educación en escuela privada. Demasiadas privaciones propias como para no “descomprimir” por algún lado, el Viejo.

He vivido muy de cerca, entonces, lo que significa el intento infructuoso de los que somos “el entorno”, los familares, de sacarlos del infierno si ellos -los que están inmersos- no disponen de la voluntad suficiente para poner en marcha el proceso.

Escuché cientos de veces frases como “es la última vez” o “mañana retorno al trabajo”. Claro que estamos hablando de sus últimos años.

El Tolo, al fin, hizo lo que pudo y conservo de él, el mejor de los recuerdos. Aún aquellos que mueven a la melancolía o a la tristeza.

Ortega es, por el contrario, un tipo joven.

Tiene, desde el punto de vista profesional y laboral, mucho hilo en el carretel.

Pero no habrá posibilidad de que la situación cambie si él mismo no toma la primera decisión.

Y el segundo día. Y el tercero. Y así, hasta cuando él mismo lo disponga. Puede hacer de resto de su vida y la de los suyos algo que valga la pena, algo que, aún con los inconvenientes y las circunstancias adversas propias de éste  asunto, disponga de un futuro. Tiene hijos pequeños Ortega, que pueden transformarle la vida.

O puede terminar el proceso de auto-aniquilación.

Quizá pueda.

Ojalá lo haga.

Ni Passarella, ni Astrada, ni los compañeros, ni la familia.

Él y nadie más que él.

y quien quiera oir, que oiga.