El Pato Abbondanzieri y Martín Palermo (por ahora), piensan si resulta más conveniente desde todos los puntos de vista posibles (económico, profesional, deportivo, relaciones públicas and demais), irse de Boca con una plaqueta de agradecimiento en Junio próximo, o aprovechar algún ofrecimiento (propio, esto es de sus representantes a equipos o de los otros, o sea, de un club para con ellos), para pegar el portazo.
Saben, igual que el Negro Ibarra, que las cartas están echadas.
Georgie Love Ameal a la cabeza, como así también aquellos dirigentes que han retomado el control del Departamento Fútbol tras la salida de la dupla B-B con entrepitoso fracaso incluido, han tomado la decisión de pasarlos a retiro.
El único que, por ahora “zafa”, es Jota Erre Riquelme aunque nadie está a salvo en el Planeta Boca. Es que hay que bajar dramáticamente los costos en el club.
Esos voluminosos costos que obligaron a dibujar en el rubro “futuras ventas” la nada despreciable cifra de 57 millones y pico de pesos cuando se elaboró el presupuesto del corriente año.
Alves no actúa solo.
Cuando Alves toma la decisión, primero salomónica de sacar uno de cada “bando” (Ibarra de las huestes de Riquelme, el Pato, entrañable amigo de Martín), no está por su exclusiva cuenta.
La dirigencia de Boca, que quiere sacarse de encima del modo menos doloroso posibles esos contratos a partir de Junio, está detrás de esas decisiones.
Alves, incluso, saca a Palermo para dejar en claro quien está al mando en Boca.
Y no hablo del técnico, precisamente. Hablo de Riquelme.
Para todos han pasado, inexorablemente, los años.
Permítanme un “flash-back”, una vuelta atrás en el tiempo.
Vuelvo tres o cuatro años atrás.
En primer lugar, sigo asomado al Planeta Boca. Es el Chino Benítez el DT. El Chino acaba de contarle hace pocas semanas a Mariano en su programa (hablo de Closs, obviamente; la familiaridad es porque lo siento muy cercano afectivamente al “Quía”, entiéndanme); acaba de contar el Chino les decía, que el grupete lo “tumbó”, lo echó, le “hizo la cama”.
Él hace referencia a Guillermo, a Palermo y al Pato luego de aquella desdoroza eliminación en la Sudamericana, escupitajo-foto-shop mediante, según él.
Benítez dice: “me tumbaron”.
Doy fé de su pensamiento y ahora me siento totalmente autorizado a hacerlo público una vez que él propio protagonista ha decidido hacerlo en primera persona.
Cuando un grupo de automarginados de manera momentánea, como el suscripto, y otro muy buen grupo de personas y periodistas, hacíamos “Polémica en los Estadios” por Canal 7, bajo la producción ejecutiva (el que pone la “tarasca”) del inefable Gran Petiso Oscar Martínez (lo que nos reíamos en las dramáticas reuniones de producción en la que no faltaban celulares arrojados contra el piso, paredes o techo; algún día voy a contar el back-stage de aquellos momentos inolvidables), se produjeron los hechos de referencia: la caida del Chino Benitez.
Era el propio Chino mi Fuente de información celular mediante. Y lo pongo con mayúculas porque sigue existiendo por ignorancia o por prejuicio, la idea de que los periodistas protegemos la “fuente” cuando inventamos una información.
No digo que exista, en mi profesión, algún deshonesto que efectivamente lo haga.
Pero no es mi caso.
Defiendo con uñas y diente el secreto de las fuentes informativas porque son, ni más ni menos, que la posibilidad de construir la primera versión de la historia, o sea, la crónica periodística.
La calidad de la crónica son dos mangos aparte. Ya quisiera escribir como Tomás Eloy Martínez. Pero me sale lo que me sale.
Sigo: el Chino contaba con dosis parecidas de dolor y bronca que el grupo había decidido dejarlo caer. No hacer nada para sostenerlo. Y lo hacía en los cortes publicitarios, para sostener, ratificar, apuntar, profundizar, o disentir con algo que se hubiera vertido en forma de opinión o de info durante los bloques del programa.
Llamaba -frenético- el Chino gastando celular a rolete.
Y entregaba su parecer además de los detalles.
No digo que sea verdad. Digo que es “su” verdad a partir de “su” percepción. Benítez está convencido de que a él lo tumbaron. Igual que Basile (“los bajitos me hicieron la cama” ha dicho en rueda de amigo para referirse a Messi, Agüero bajo la tutela y manija del actual DT, Diegote).
No estaba allí, en ese grupo, Riquelme, quien pasaba de los buenos momentos a la mala relación con el Profesor Pellegrini en el Submarino Amarillo e intuía su retorno -triunfal en el 2007- al club.
Estaba Riquelme en duda para los europeos (Van Gaal y Pellegrini), con certeza de pulgar abajo para Bielsa, indiscutible para Basile o para el mismo Pékerman, que lo tendría como referente en Alemania 2006.
Y he allí el otro detalle de la historia, el mundial en Alemania.
Se lo discutía a partir de lo que se intuía como una suerte de fragilidad esencial física de Riquelme. Y lo más fuerte: aquella sensación que transmite respecto de comprometerse cuando le interesa realmente (el Boca campeón con Miguel Russo en el 2007), o darle absolutamente la espalda al proyecto, por fascinante que éste pueda parecer (su paso por Barcelona).
Riquelme es así porque Riquelme siempre fue así.
Lo tomas o lo dejas.
El asunto es que han pasado, como decía, los años para todos.
También para Riquelme. También a él habrá de costarle mucho más cada día o cada hora que pase. Ni hablar de meses o años.
Mientras Verón se “fortaleció” físicamente (ni hablar de su cabeza), Riquelme fue haciendo más patentes las “lagunas” futbolísticas.
Y además están las “confrontaciones”. La última con Maradona ha sido de dos grandes egos. Y le ha tocado “perder” por su solidaridad con Basile (ver: “El Secreto mejor…”).
La actualida pura y dura es Boca. Es Alves. Es el derrumbe -en fin- de ellos, los mitos vivientes que siguen resistiendo o intentándolo y perdiendo la partida, contra el paso del tiempo.
Junio es el destino final para la generación dorada de los “macris-boys”. Comienzan a volverse más historia que presente. Y a nadie le gusta transformarse en un “ex”.
Ni siquiera -mucho menos- a los más grandes.
Riquelme y Palermo lo fueron.