La “Maquinaria” solo exige resultados. No se interesa por la humanidad de quienes juegan su juego. La “Maquinaria”, el negocio, ese del que muy simpáticamente un fat nacional, popular y siempre Correcto Político dice formar parte en los documentales “serios” de Encuentro, le importa poco la autodestrucción de los “eslabones”.
Lance se droga pero gana 7 Grand Tour de Francia al hilo?
Maravilloso.
El gran fat dice: “qué maravilla, tenía cáncer en un huevo y vean cómo se recupera y rompe récords”. Su canal, claro, tiene los derechos para tranmitir en vivo todas las incidencias. Lo mismo con los atletas.
La “Maquinaria” ya se ocupará de destruir “por derecha” a los que osen romper sus reglas de doble moral.
El Negro Wood, pobre infelíz, que tuvo que ponerse a explicar que se había “comido” diez o quince putitas a cambio de 15 mil dólares la hora.
La “Maquinaria” te da por derecha. Te abre cuentas en los bancos y pone a tu disposición toda la parafernalia mediática. Te hace millonario.
Si vos te drogás, te acostás con travestis, tomás cocaína, fumás marihuana o vivís en “pedo”, es cosa tuya.
Lo único que exige la Maquinaria es que lo mantengas entre tus cuatro paredes.
Vos no podés pretender hacer lo que se te cante sin costos.
Le ha pasado a Maradona.
Le pasa a Ortega.
River gastó-invirtió más de 5 millones de euros desde que Ortega retornó, huyendo de Turquía bajo la tutela del inefable támden Papa-Papada (Julio Humberto I de Viamonte+José María), y ahora le debe 800 mil dólares.
Además de los 5 palos E, ahora le debe 800 mil de la moneda norteamericana.
Por eso Ortega pone voz de víctima por La Red y dice: “si es algo extrafutbolístico, que me lo digan de frente”.
Claro: lo que quiere es irse conflictivamente de River para que quede documentada en 10 cheques de 80 mil dólares por mes, (dólar a futuro, obvio), la deuda.
Ortega usa a la Maquinaria. La Maquinaria usa a Ortega y todos contentos.
En medio todos los hinchas-consumidores, que “jeropamente”, toman partido en el cyber espacio. O van a la cancha a desgañitarse.
No hay aquí ni víctimas ni victimarios. Todos son, seamos amplios, pecadores gustosos. Algunos pecan contando “verdes” y otros descorchando tintos con la compañía de travestis.
Por eso resulta tan pateticamente horrendo el documental de Kusturica (Maradona by Kusturica) que se emite por I-Sat y tuve la desdicha de presenciar el jueves por la noche.
“Qué dignos que son los pobres”, dice el obeso que no se tira un pedo sin cobrar en dólares mientras al cineasta se le cae la baba y hace dibujitos en los que Bush y Tacher son malos, muy malos.
Ellos, Maradona by Kusturica, son buenos. Los más buenos de todos. Acompañan Evo y el diputado Bonasso.
La cámara discurre, desde arriba de una Van de 172 mil dólares de valor, por Fiorito donde el pobrerío pasó, pasa y pasará hambre sin que Maradona by Kusturica pogan un mango jamás. Más bien recauden a caballo de la descripción del horror del que culpan, obviamente, a Tacher y Bush. Y los políticos argentinos que en la voz del obeso “son todos corruptos; a mi me ofrecieron muchas veces pero yo los mando a la mierda siempre”. Kusturica, el jeropa balcán, a punto de ahogarse en su propia baba.
No se le ocurre hacer un flashback con las fotos del obeso como embajador de Menem, o de chiquilín pelado junto con Videla, el asesino, o con el inepto absoluto de De La Rúa en la casa rosada.
No.
Tampoco se pregunta Kusturica by Maradona por el costo de la camisa Versace que lleva el Obeso y que serviría para darle de comer a 10 familias en Fiorito durante meses.
Casi todo está en venta en la Argentina. Hasta el seleccionado y sus espacios publicitarios, más partidos, más camisetas, más historia, están en venta.
Usan conferencias de prensa para lanzar campañas publicitarias.
Y, como ganan, quedan legitimados.
Cuando ganan, la Maquinaria legitima.
Cuando pierden, van a la picadora de carne. Es lo menos que se merecen. Es lo menos que, acaso en diferentes grados, nos merecemos.
“Si no fuera ridículo, sería una tragedia” dice Pompeyo Audibert, el Animador en la genial Marathon de Ricardo Monti que por estos días se exhibe en el Teatro Nacional Cervantes, mientras un grupo de parejas sigue bailando por un premio que desconoce hasta -literalmente- morir.
Una metáfora de todos nosotros pero sin la cámara pseudo paternalista del Gran Jeropa Balcánico.
Kusturica… andate a la reputamadre que te parió. Y llevate con vos al Obeso Impostor. Al menos nos quedará el consuelo de ser mínimamente conscientes de lo que pasa a nuestro alrededor.

