“MOU” Y LA LECCIÓN DEL INTER CAMPEÓN. Vergüenza “Pincha” (no sabemos perder, miremos al Bayern). Milito quedaba “arafue” de no mediar la orden de Julio Humberto I de Viamonte. Argentina CANDIDATO.

Noticias | Pipo Rossi | 23-05-2010

Si Argentina consigue la convicción defensiva y la confiabilidad de los equipos que conduce Mourinho, podemos acrecentar nuestra idea de volver a ganar una copa del mundo.
En una sola jugada quedó desacomodado el Inter en sus 90 minutos finales contra el Bayern. Fue al minuto de comenzado el segundo tiempo cuando Julio César se quedó con un mano a mano.
El Inter defiende como defendían los equipos de Bianchi. Aquel Vélez, que tampoco pasó la mitad de la cancha en el Morumbí, y se quedó con los penales en la final de la Copa (creo que con el San Pablo), y como todas las versiones de Boca, incluida la nada sutil (pecaminosa para el “Menottismo Ilustrado”) de no doble, sino triple cinco.
Cómo un equipo que tiene individualidades como Maicon, Zanetti, Cambiasso, Samy E eto, el holandés Snajder (no estoy seguro de que se escriba asì, pero no tengo ganas de verificarlo, suena así, “sifisant”, on francés); con la potencia goleadora de Diego (“el Diego de la gente” le dijo Mariano en la transmi de Fox que tuvo en éste y otro detalle mientras elogiaba a Cambiasso “a algunos jugadores hay que verlos en la cancha, no en el living”, teléfono para el barbado conductor) Milito y con un tècnico capaz de convencer a estrellas absolutas como el camerunès que solía jugar de 9, convencerlo de ideas como transformarse por ejemplo, literalmente, en un marcador lateral bis cuando hace falta o resignar su posición natural, es decir, el detrimento personal en aras de la mejora colectiva (Milito queda casi siempre de 9 y Samy a un lado o al otro); ¿cómo un equipo asì?, me pregunto, que le hace 3 (t-r-e-s) goles en el partido de ida al Barça, el mejor equipo de los ùltimos años del mundo, y le clausura todos los caminos en el partido de vuelta, elimándolo en el Nou Camp, ¿cómo, insisto, puede ser considerado “despreciable”?
El grupo de jeropas ilustrados que adhiere al menottismo se come de a cinco goles en su propio campo al tiempo que Mou lleva ocho años (ocho años, casi los mismos que River lleva haciendo “sapo” en el ámbito internacional), sin perder como local. Ora con el Chelsea, ora con el Inter.
Pero el sucesor de GOFA (Gran Oráculo del Fùtbol Argentino), y sus adláteres llenos de envidia y resentimiento, plantean: “son horribles”.
Mueven a risa.
Pero allá ellos.
Tienen todo el derecho del mundo a pensar y opinar. La sospecha es que lo hacen, como dijo Verón, desde el lugar del que se queda adentro con la frustración de no haber podido ganar algo importante. O algo, al menos, aunque sea menos importante. “La tienen adentro”, diría el obeso impostor.
Si Argentina consigue un funcionamiento colectivo parecido al del Inter, repito, puede que se vuelva merecedor del màximo halago en Sudáfrica.
Tiene con què (jugadores).
La otra parte de la conducción es la que está en duda.
La que eligió a Garcé por encima de Zanetti.
“Son decisiones”.
O que estuvo a punto de desbarrancar poniendo a otro “cómplice” (Lavezzi) en lugar de Milito.
Lo frenó Grondona.
Lo confesó Maradona al final de esa tarde en la que entregó los 23 nombres, a bordo de su minicuper: “al que más me costó sacar fue a Lavezzi”.
Es que no lo sacó él.
Lo sacó Julio.
Cosa que jamás se admitirà en público, como corresponde.
Milito, igual que Cambiasso y Zanetti, estaba afuera del mundial 72 horas antes de producir la más fenomenal actuación de su vida en el Bernabeu.
Tanto Garcé como el Pocho Lavezzi tienen un perfil que se entiende a la perfección con el tècnico. Será por la profundidad del pensamiento?. O por su apego al deconocimiento de las normas?.
No Cambiasso, menos Zanetti (serio, responsable, al mando de una fundación que se ocupa de los pibes sin posibilidades, tipo de irreprochable conducta DENTRO y FUERA de la cancha: nadie más alejado al “modelo” Maradona que Zanetti), y tampoco Milito, preferido de Messi (por encima de Higuain y Tévez).
“Lo veo FRÁGIL”, le dijo Maradona a Niembro a propòsito de Diego Milito.
“Al que más me costó sacar fue a Lavezzi”, despuès de la lista.
En medio, Julio tachó y agregó, de puño y letra.
Luego el paso a las computadoras borró todo registro de la “intervención”.
La otra imposición fue Palermo, pero sin resistencia del “conductor”.
Es inminente.
Estamos casi con un piè en el avión.

VERÓN, VERÓN…
El “Pincha” se quedó afuera por el irredento idiotismo de un grupo que le llenó el área chica de humo a Orión. Just in Argentina.
Los hinchas del equipo local, que ganaba bien y se clasificaba para las semis de la Copa, conspiraron contra las posibilidades propias y… dejaron afuera a Estudiantes.
Quizá con buena luz, tampoco Orión conseguía sacarle esa pelota a Giuliano.
Pero es algo que no podremos saber jamás.
Apostó a los dos frentes Sabella (¿ó fue Verón?). Porque quien manda es la Bruja. Sabella solo consensúa. Y saben què?. Creo que está bien. Apostaron a los dos frentes y no les dió el físico. Se notó. Aunque también hubo “equívocos populares” (ya mencionados), y errores puntualmente personales (Verón en la expulsión con Central) y el escándalo post-eliminación.
El caso Verón-Sabella-Estudiantes, es análogo al de Boca y al de todos aquellos equipos en los cuales haya lìderes de ese pinè. Del mismo modo en Boca hay que consensuar con Riquelme por encima de todo y, quizá con Palermo. ¿Qué creen ustedes que habrá de hacer el genial Bichi Borghi (ese sí, genial como futbolista, y genial como conductor… allí sí se “vió” la mano del que conduce, en Argentinos digo) respecto de este tema?.
Lo imperdonable es lo de Desábato.
Le sale el pendenciero “nac & pop” que tanto nos enorgullece.
Digámoslo claramente: somos horribles (no quiero ponerme en el púlpito), cuando perdemos.
Había que bancarla.
En lugar de cabecer a Abbondanzieri de atràs, había que ir a decirle a los que prendieron bengalas: “oigan, idiotas, nos acaban de dejar afuera”.

EL CABEZÓN, EL CABEZÓN…
Van Gaal no fue campeón del mundo como jugador.
Mou tampoco.
Arrigo Sachi menos. Ni siquiera fue jugador. O si lo fue, como le dije al pobre Oscar, lo fue de un equipo como River Plate de Bell Ville, en cuya primera jugué en el año 78, antes de cumplir los 15. Liga del interior del Interior. Para el Bell jugaba la “Quecona” Merlini, el diez tapado eternamente por el Bocha en Independiente. Él, Quecona, era un crack. Yo, un cuatro que le pegaba hasta a la madre. Él siguió jugando, yo me fui a la Universidad. “Son decisiones”.
River de Bell Ville juega con la camiseta de Boca. Es un caso único en la Argentina y, supongo, en el mundo: llamarse de una forma y vestir con los colores de su contrario.
La historia está relatada en un viejo Gráfico. Mitad de los fundadores eran de uno y mitad del otro equipo de la Capital. Allanaron las diferencias de ese modo.
Sigo.
El pobre Oscar fue campeón de todo, como jugador.
Es la prueba viviente de que una cosa (ser un fabuloso futbolista), no habilita, automáticamente, a serlo como entrenador.
Ruggeri fue un fiasco como entrenador.
Y ha quedado afuera.
Y por eso está dolido.
Y dice cualquier cosa.
Pobre.
La tiene (a la frustración de ya no ser), adentro.
Pero no me digan que no resulta divertido. Porque si algo asegura este cuerpo tècnico, del que Ruggeri es “ayudante de campo moral”, es el entretenimiento.

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