MARADONA, LA CONTINUIDAD AL SERVICIO DE LA CAUSA K. Siga el baile, siga el baile…

Noticias | Pipo Rossi | 14-07-2010

El texto se escribió unas horas después del final del campeonato mundial. Y pocas horas antes de emprender el regreso a la fría Buenos Aires desde la helada Johannesburgo.
Lo que fui “construyendo” a travès de llamados telefónicos, comidas en algún restaurant de Mandela Square, coincidentes encuentros en el vuelo 1955 del martes 13 (no te cases ni te embarques excepto cuando en primera clase venga Carlos Bianchi con lo cual es imposible que algo malo le pase a la máquina), cafés a primera mañana en Buenos Aires y otras yerbas no cambia el panorama.
No lo cambia en absoluto.
Más bien lo confirma.
Veremos.
Y veremos hasta donde llega la fortaleza de las “sugerencias” que Julio Humberto recibirá desde Casa Rosada.

MARADONA Y LA CUESTIÓN DEL PODER. Historia mìnima de la continuidad al frente del equipo.

Existen dos poderosas razones que pueden inclinar la balanza a favor de que Maradona, de probada ineficacia como director técnico durante los días de Sudáfrica, continúe en el cargo.
Una de ellas es la Razón Política. La otra, la Razón Demagógica. No debieran subestimarse ambas entrelazadas cuestiones de aquí a los días por venir. Días de decisiones graves e importantes para el futuro del seleccionado argentino de fútbol.
La primera, la Razón Política, tiene sus bases bien sólidas en acuerdos del partido que gobierna la Argentina con el poder político del fútbol, con Grondona en primer lugar y con el propio Maradona, para el cual todo es mensurable en dólares. Todo tiene precio. Sumarse a la campaña del partido gobernante desde el apetecible puesto de director técnico del seleccionado argentino de fútbol puede significar ingresos millonarios al año en dólares. O en euros.
Ambos, poder político que gobierna el Estado y poder político que manda en el fútbol, ya han refrendado acuerdos que echaron por la borda contratos privados no hace mucho. Es historia antigüa, pero ese acuerdo puso felíz a todos en la Argentina. A todos los que formaron parte del acuerdo: dirigentes del fútbol (plata constante y sonante) y Goberno. No tiene porqué resquebrajarse ese felíz acuerdo. Hoy menos que nunca, mirado a un año de las elecciones y con la Copa América a la vuelta de la esquina, en casa. “Aguante Maradona, aguante la selección”, gritó la Presidente, luego del recibimiento (medio armado, medio espontáneo) que tuvo el equipo.
Esta es la Razón Demagógica. La –llamémosle- razón popular. La del amor incondicional de un sector del pueblo futbolero que jamás verá imperfecciones, errores, metidas de pata en el Mito-Entrenador de probada incapacidad para el cargo.
No existe ninguna otra posibilidad para entender y/o aceptar que Maradona siga al frente del equipo que las descriptas.
Ni futbolísticas, ni mucho menos, de liderazgo o pensamiento estratégico.
Maradona demostró desde que asumió como entrenador en el equipo nacional, que sabe poco. Y lo poco que sabe lo transmite mal.
Entiende poco del juego (en función de lo que puede esperarse de cada quién en cada función; en función de la elección de cada quien para cada puesto); pero mucho más grave para sus conducidos es la confianza que pretende hacer descansar detrás de arengas que terminan vaciando cualquier contenido.
Pierden valor las palabras, aún cuando vengan, aún cuando procedan del Mito. Diría que tienen, en el dirigido, la consecuencia de la destrucción del mito mismo. Le dejan de creer, lisa y llanamente a Maradona, devenido Diego, subvaluado en Diegote.
Ahora (hace tiempo en realidad), sabemos que lo que el Mito-Entrenador entregó como soluciones en formato de palabras después del baile fenomenal que estaba sufriendo el equipo en la lejana (en tiempo y distancia a Johannesburgo, barcito portugués del suburbio muy portugués de Oakdene, a unos 40 km del centro), ciudad de Rosario contra los brasileños fue: “Vamo muchacho que podemo, eh”?, tras permanecer en luctuoso silencio durante los 17 minutos que duró el entretiempo.
Vamos muchachos que podemos.
Eso fue todo.
Es cierto que pudimos haber transitado algún camino engañoso al comienzo y hasta el partido con México, aquí en Sudáfrica. Acaso la exhuberancia de los delanteros argentinos nos indujo. No tanto a nosotros, que nunca exageramos el entusiasmo. Si en cambio allá, en la Argentina, donde el deseo de la magia es siempre más fuerte que los hechos mismos. Hasta que los hechos te dejan completamente desnudo. Los 4 goles que nos propinó Alemania, dejaron al Rey desnudo y también a sus jugadores y a su planteo y a su decisión estratégica y a su elección de nombres para tal circunstancia.
Fue, el paso por la primera fase, un espejismo. Lo mismo México, pero no podíamos sino aferrarnos a la espera por Messi que llegará hasta Brasil 2014.
También fue un engaño la aparente “tranquilidad” del conductor. Ahora sabemos, y con el correr de los meses el asunto irá in crescendo, que hubo “tole-tole”, “carascúlicas” y mucho enojo en el descabezamiento que el impresentable Mancuso tejió desde adentro en perjuicio de Verón, y análogamente, de Messi.
Mancuso, alias “no creo que Diego se baje” (porque de ese modo se acabarían las posibilidades enormes de convertir en un coto de caza particular el seleccionado argentino para mí y para mis contactos y amigos, le faltó decir), explicó que “en la Argentina no hay laterales” mientras buscaba palabras que permitieran entender el baile con que los alemanes eyectaron al conjunto argentino del mundial. Al que trajeron (Clemente) no lo pusieron; al que dejaron afuera campeón con el Inter (Zanetti), comentaba para la tevé mexicana.
Es que, para colmo, Maradona el detè de probada ineficacia, se rodeó de un grupo de “notables” encabezados por el hombre de negocios Mancuso y Oscar Alfredo Ruggeri (el director tècnico que viene precedido por un palmarés impresionante: de cada diez partidos que dirigió, perdió 9 ú 8 y ½). “Diego hizo las cosas bien”, sentenció Ruggeri en referencia al partido contra Alemania, para completar: “pero si jugara otra vez ese partido, cambiaría todo”. Si no fuera gracioso, sería una tragedia.
Grondona no quiere que Maradona siga. Pero no tomará la decisión de echarlo. En él, la Razon Demagógica está por encima incluso de la Razón Política (o empresarial). Puede Grondona, desechar futuros dineros que vendrán de la “caja política argentina” porque dispone de otras Cajas. La Fifa acaba de ganar la friolera de 1.000 millones de dólares (limpios) tras la organización de Sudáfrica 2010. Julio Humberto I de Viamonte, alias “de la AFA me van a sacar muerto”, se sienta sobre una montaña de dólares en su poltrona de vicepresidente del mundo, perdón, de la Fifa. Pero, aún así poderoso y millonario, hay que caminar por Buenos Aires habiéndose “cargado” al Mito-Entrenador, de probada ineficacia.
Grondona no lo hará.
Y Maradona, probablemente, tampoco “se baje” como dijo Mancuso.
Sí puede producirse un término medio aristotélico en el que siga Maradona pero le pongan dos entrenadores serios, conocedores, responsables, al fin, de la conducción, de hablar, de plantear los partidos, de entrenar en el campo, de dirigir al equipo en suma.
Es lo que hablarán cara a cara Grondona y el Mito-Entrenador en estos días.
Maradona quedaría entonces al frente de lo que mejor le sale: ser popular, ser amado, ser mirado, ser mito, enojarse, reír y llorar frente a las cámaras y que el espectáculo continúe, como corresponde más que nunca a los tiempos que nos toca vivir. Entretenimiento hasta morir.

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