Narigucho es “menottista”, obviamente.
Narigucho es, acaso, el hombre más políticamente correcto que tiene –y disfruta- la eterna adolescencia ideológica (tante grazie George), que anida en la sociedad porteña, la que vota a Pino.
Narigucho, obviamente, votó a Pino y aborrece a Mauricio.
“Alerta, alerta, alerta que camina, el anti-imperialismo por Las Cañitas y Recoleta”, es el grito virulento que brota del corazón de Narigucho.
Hay, eso si, serias sospechas acerca de la frecuencia con que Narigucho utiliza la ducha.
Da, Narigucho, el perfil de mugriento.
Se baña poco, Narigucho. Huele mal.
Se le nota, la mugre, en el repulgue de sus grandes orejas.
Cuando joven, Narigucho usaba las “crinas” largas, como corresponde a un rocker duro.
Fútbol y rock pesado en dosis exactas constituyen el “existencialismo narigucheano”. Lo cual no es sino la mayor y más acabada expresión de lo que Marx llamaba allá lejos y hace tiempo “idiotismo rural”.
Devenido idiotismo urbano militante en formato de hincha duro, he allí el perfil de los seguidores de Narigucho.
O, al menos, es lo que Narigucho prefiere creer en cuanto al perfil de sus fans. El fans perfecto de Narigucho es un duro que escucha rock y desayuna ginebra bols. En la cabeza de Narigucho, claro.
En el medio, en la dura realidad, se le cuelan los niñitos que solía describir Luca en La Rubia Tarada:
“caras conchetas, míradas berretas!,
hombres enfundados en Fiorucci…
oigo “dame” y “quiero”, y “no te metas”…
te gustó el nuevo Bertolucci?…
Un pseudo boludito (punkito dice Luca),
De acento finito,
quiere hacer el chico malo!…
tuerce la boca,
se arregla el pelito,
toma un trago y vuelve…
a Belgrano!!!
Vuelve a Belgrano y se va de vacaciones, masivamente, a Pinamar, el fans medio de Narigucho.
Todo seguidor de Narigucho tiene, obviamente, tarjeta de crédito extendida por papi. Los nenes y las nenas que siguen los “lineamientos” de Nari disponen de la extensión.
Narigucho cree que es un “out-sider”, un “anti-sistema”.
Me hace acordar, Narigucho, a un amigo que solía trabajar para uno de los Imperios Menores y que gustaba ponerse al márgen del “circo mediático”. Él era uno de los protagonistas principales del circo.
Ahora está a sueldo del Imperio Menor ese amigo. Se blanqueó. Ha dado, el amigo, toda la vuelta. Pasó de facturar a estar en blanco.
Narigucho, en cambio, ha trabajado siempre para el Sistema, con Mayúscula. O casi.
Narigucho, repito, ha trabajo desde hace mucho tiempo para el Imperio a secas, algo golpeado el Imperio últimamente.
Narigucho: te tengo malas noticias.
Estás en la tele no precisamente por tus conocimientos del juego o por tu particular modo de analizar y ejercer la crítica.
No Narigucho.
Sorry Narigucho.
Estás en la tele por tu cara.
Por tu rostro.
Por tu, perdón Narigucho, “fisique du rol”.
Sos, querido Narigucho, el Rossy de Palma del periodismo deportivo vernáculo.
Por tu condición de raro estás en la tele, inestimable Narigucho.
Porque en cualquier casting es imposible que, con esa cara, pases inadvertido.
Además, Narigucho, el políticamente correcto, hace buenas migas.
Narigucho el correcto, es amigo y hace relaciones públicas, con los que se debe a los efectos de “pertenecer”.
Pertenece Narigucho.
Pertenece al Imperio.
Y trabaja en uno de los Imperios Menores.
Y te corre por izquierda, Narigucho.
Payaso Mediático no porque Alex lo haya apostrofado para toda la eternidad, sino por portación de cara.
Allí está Narigucho, el dirty de aliento putrefacto, blandiendo a diario sus delirios místicos en contra del periodismo-sistema.
Narigucho, el acusador, ha construido su lugar en el mundo acusando al periodismo que opina.
Él no opina.
Él opina sobre los que opinan.
Opina para los rubiecitos de Belgrano, Narigucho. La clase media-alta que, ante la posibilidad concreta de trabajo, huye hacia puntos vacacionales, preferentemente hacia el Este costeño.
Opina Narigucho para aquellos a los cuales Luca hacía depositarios de todas sus fobias y desprecio.
Por sus imposturas, claro.
Porque lo único que surge de los dichos de Narigucho al fin, es la impostura políticamente correcta.
Apesta, nuestro héroe.
Pero vende.
Vende igual que la “poètica”. De allí que Narigucho exhiba, feliz y orgulloso, su condición de “menottista”.
Qué iba a ser sino Narigucho?
Bilardista? Puaj…
Bielsista? Uff… Narigucho no se lo banca pero como el Loco ha sido “bendecido” por la “Crítica-Bian”, ha debido introducirlo en su lista de preferidos.
Quevacer… un sapito se tiene que tragar, Narigucho.
(c-o-n-t-i-n-u-a-r-á. Próximo capítulo: “Narigucho the dirty y su amiguito el Dogor que hacía los deberes como dios manda y se convirtió en empleado del corrupto Giuseppe”).

