JULIO CÈSAR LO HIZO, ROMÀN, QUIERE ESTAR EN LA FOTO.

Noticias | Pipo Rossi | 30-11-2011

Dificilmente la satisfacción se dibuje en el rostro más allá de algún inevitable grito que tendrá más desahogo que otra cosa, más alivio que “vendetta” íntima. Pero no cabrá duda alguna respecto de que el Gran ganador una vez que se consagre Boca el próximo fin de semana en La Bombonera será el entrenador y un escalón más abajo, el presidente George Love Ameal, gran capitalizador de cuanto viento de cola sople cerca suyo. Román, máximo “spiker” de los tiempos que corren, tendrá todos los micrófonos a su disposición. Pero la “verdad de la milanesa” (la que Falcioni charla con los íntimos), dice que el entrenador celebra no deberle casi nada al ídolo, que lleva seis partidos sin jugar, aquellos en los cuales, Boca marcó la diferencia definitiva con el resto.
Quienes siguen éstas columnas en la web, saben de memoria que quién ganara dos años atrás el título en la Bombonera con Banfield, llegó a la conducción técnica de Boca sabiendo que pondría en marcha solo parcialmente su idea táctica, ésto es, no al “enganche” clásico.
Las lesiones de la máxima estrella de Boca, fueron funcionales a sus deseos. Cuando termine este campeonato, Riquelme habrá jugado el 45% de los partidos de los últimos 3 años. Con Falcioni, el promedio sube un tanto para arañar, apenas, la mitad.
Pero el tema es otro.
Falcioni supo de entrada que tenía que jugar contra los prejuicios del 10 (va a comer churrascos con Cappa, alias “fue imprescindible mi colaboración en los descensos de River, Gimnasia y Huracán en la temporada anterior”, y no con Julio César), por cuestions de “paladar”.
Se cuidó como niño en la cama Falcioni de decir una sola palabra de lo que piensa -en público- del 10.
Y la estrategia dió resultado.
Tuvo en el cuasi permanente alejado por lesión de las canchas, un colaborador estupendo en el momento de comunicar.
Falcioni armó un equipo. Debió “improvisar” para reemplazar a Román. Pocas veces un entrenador estuvo tan a gusto con aquello de “improvisar”. El equipo que termina jugando el campeonato es el que más y mejor lo representa. No gira en torno a un “enganche”. No depende de “como se levante ese día Román”, diría el extinguido Coco Basile, dedicado ahora a cantar tangos y a la publicidad.
Y debió, el entrenador, sortear todos las complicaciones posibles. Riquelme, en tanto “contratiempo”, Viatri (lesión fea y con mucho tiempo de recuperación), Blandi, descubrimiento y confirmación, and demáis.
Román se encargó de declarar y sostener la llama de la ilusión alerta.
Armó también una defensa confiable. La más confiable del campeonato, por lejos.
Y ganó de punta a punta con una serie de récords de los cuales darán cuenta las crónicas a partir del próximo lunes.
Todos darán la vuelta.
Georgie “Love” será re-electo (según pálpito propio).
Román se llevará los mayores aplausos.
Pero en la intimidad, Julio César sabrá que el mejor de todos en éste semestre, incluyendo a los de afuera y los de adentro, es él mismo.
Ojalá siga. Porque recién entonces veríamos, acaso, un funcionamiento al que puede exigírsele la “cuestión estética”, también abordada en éstas columnas.
Un equipo que gana, primero, puede discutir el “cómo” después.
Antes es pura cháchara propia del “menottismo ilustrado, destituyente y fracasante”.
Siempre les queda, a aquellos que no les guste como juega Boca, echar mano al control remoto y cambiar de canal, tal como sugirió Julius César.

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