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Passarella los “empomó”. El Káiser los puso en fila y procedió a ganarles la elección a todos. Se quejó, acaso exageradamente, de las voces mediáticas que jugaron, según él, para D Onofrio.
Ya debiera saber Daniel Alberto que los medios (los Mass Media, sonemos por favor, bien antigüos) no pueden “determinar” la realidad. Pueden esforzarse; pueden insistir, pero muchas veces lo que provocan es un efecto boomerang.
El primero que no se ayudó a si mismo, fue D Onofrio, el “Frío”, al que terminaron empujando hacia los reclamos judiciales sus compañeros de ruta, derrotados con él.
Hubo un “vivillo” en ese sábado a la noche histórico e inolvidable.
Existió alguien (las autoridades conocen el nombre, apellido, “alias” and demais, pero por ahora lo guardan por si acaso), que mouse mediante, clavó en las pantallas esos dos votos con que ganaba, a las 23 y chirolas, Rodolfo, el Capitán Frío.
Nunca ganó D Onofrio.
Sin los “votos observados”, ahora se sabe, ganaba Daniel Alberto por 1 (uno) voto.
Incluyendo los “observados”, ganó por los famosos “seis”.
Y todos (o sea, Todos, no solo el demonizado por Daniel Alberto, mi canal C5N), se “ensartaron”.
“Ganó D Onofrio por dos votos” era la leyenda en TODOS los canales que cubrían la noticia.
Passarella gritaba fraude y Araujo, por el “futbol que pagamos todos” (La Nación dixit), hablaban de 600 votos de diferencia o del triunfo inobjetable del Gran Capitán. Ambos se sabían ganadores pero temían ser “caminados” por esa “mano negra” que manipuló la pantalla.
Ellos tenían la información de la Junta Electoral, presidida por alguien que trabajó para allanar el camino a la presidencia del propio Passarella, el señor Domingo Díaz, vice de Aguilar, la GPN&pop (“Gran Papada Nacional y popular”), la cual siempre consideró -la Junta, no la Papada- ganador al Káiser.
De los seis integrantes de la J.E, dos “eran de D Onofrio, dos de Caselli y dos de Passarella”, que votaron, claro, 4 a 2. El titular -Díaz- no vota.
Cuentan que en esos frenéticos momentos de negociación, la gente de D Onofrio llamó a Antonio Caselli para ser apoyados en la Junta y el “Gordo” les pasó factura a todos: “me tendieron una trampa en América el domingo por la noche en el programa de Fantino, me hicieron la vida imposible y ahora me vienen a pedir ayuda en la Junta…pero porqué no se van a la rep…que los p…!!!”, bramó Antonio.
Passarella ya contaba con Antonio. Desde mucho antes a la fiebre desatada en el sábado por la noche.
Passarella “caminó” durante toda la tarde bajo la lluvia y mientras apretaba la mano de los hinchas que acudían a votar repetía -cual poseso- “votenme a mí, Caselli se bajó”.
Contraste absoluto y definitivo con la “borrada” de Enzo, el desangelado ídolo en el que confiaron D Onofrio y Cía.
Siempre llamó mi atención que Francéscoli sea en River, “más” ídolo que, por ejemplo, el Beto Alonso.
Acaso el Beto se metió en el “barro de la política” más de una vez y dejó su condición de “estatua” para el hincha de River.
Francéscoli, en cambio, siempre ha salido airoso de eventuales miradas críticas. River ha querido querer a Francéscoli sin detenerse a auscultar lo que, efectivamente, ganó con la camiseta de la banda.
Los “palmarés” de Francéscoli comparados con Daniel Alberto, el Presidente que los empomó, no soportan la más tenue mirada.
Una vez, hace algunos años, me tomé el trabajo de buscar en los suplementos deportivos que ponen puntajes y -por tanto- elijen la figura del partido (Popular, Crónica, por ejemplo), los Boca-River en los cuales jugó Francésoli.
Además busqué en aquellos títulos, en aquellos análisis, en aquellas crónicas, en todas las ocasiones en que Francéscoli, con la camiseta de River, había enfrentado a Boca.
Nunca fue el futbolista de mayor puntaje.
Nunca fue “la figura” de un clásico.
Hagan el ejercicio si no me creen.
No objeto la condición de ídolo de Francéscoli. No cometería tamaño “pecado capital”. El amor incondicional de los hinchas es algo que les pertenece.
Solo que en este caso, no lo termino de entender.
También fui testigo del partido más importante que jugó Francéscoli para River: aquella final contra la Juventus en el 96, en Japòn. Tocó una sola pelota: al minuto 84, a seis del final del partido que terminaron ganando los italianos y en el que Ortega puso aquel toque por encima del arquero que recorrió todo el travesaño sin entrar.
Estuvimos con Caldiero por La Red.
Francéscoli no la tocó. Todo River la vió pasar en aquella oportunidad. Eran los tiempos en que el Enzo -el desangelado- disputaba liderazgo con Ramón Díaz, “Ramao”.
El tiempo me llevó a denominar a éste patrón común de conducta, el “síndrome Francéscoli”.
El “sindrome Francéscoli” consiste en esto, precisamente: desaparecer en el momento culminante. No estar. Evaporarse. Virtualizarse. Ser un holograma.
Francéscoli, claro, ha reaccionado.
Ha dicho que “solo había sido contratado para gerenciar a modo de Mánager; no para estar el día de los comicios”.
Se perderá un sueldo mensual de 25.000 dólares, el Enzo.
Las malas lenguas cuentan que el adelanto prometido de 50 mil de la moneda norteamericana, no le había sido entregado al momento de producirse la votación. Y por ello la ausencia tan notoria.
El blog no cree ésta versión; la considera hija de la ofuscación y del enojo provocado por la lejanía del ídolo que se quedó del “otro lado del charco”, en el masivo grupo de derrotados.
La única verdad es la realidad: asume Passarella.
También puede darse por cierto que la “GPN&pop” recibió un llamado de la “Pingüinera” con formato de advertencia: “no jodas, José, perdiste, ya está”, le dijeron.
Ipso facto, Aguilar se reunió con Passarella y pactó que éste miércoles 9 de Diciembre, el Gran Capitán se transforme, formalmente, en el nuevo presidente de River.
Aunque siga corriendo la queja en la IGJ. Queja encaminada hacia una calle sin salida, cuentan los mentideros.
Ha prometido Passarella (me lo hizo en persona by celular y públicamente) que su mandato tendrá un lema: “no robarás”.
En la cancha se verán los pingos.

