El problema no es con el mito. Perdòn, con el Mito. El asunto es con el DT. No alcanza el corazón, no alcanzan las emociones, no es suficiente la proclama encedida. “Última estación: la Gloria” decía un cartel que iba, incluso, delante del micro que trasladaba a la ARgentina aquì, en Pretoria.
Cuánto tiempo màs llevará darse cuenta que no es, el MITO, alguien con condiciones para dirigir un equipo?
En fin… llevo dos años repitiendo palabras que, hasta a mi, me han cansado. Es maravilloso que la gente vaya a buscar y reciba con aliento al tècnico y los jugadores en Ezeiza. Eso es, francamente, alentador.
El tema es que el amor incondicional de todo el paìs futbolero con el Mito, no sirve para ganarle a los alemanes.
CRONICA post Eliminación publicada en la web de Fox.
Alemania le pegó un baile descomunal al equipo de Maradona. Le hizo cuatro goles, le pudo haber hecho seis. Le hizo, finalmente, precio como decimos en la Argentina. Una lección de fútbol entregó el conjunto alemán. No le dejó ninguna posibilidad. Lo maniató. Lo liquidó futbolísticamente.
Nos quedamos sentados, esperando a Messi.
El propio Maradona conspiró contra el futbolista genial del Barcelona. No le puso nunca a Verón, el ùnico eventual socio que tuvo en su recorrido por la Copa, en Sudáfrica.
Jamás apareció Messi. La figura fue Sebastian Schwinsteiger, descomunal, soberbio, extraordinario.
Hubo una ilusiòn, obviamente.
El problema es que la ilusión se cimentó en falsas visiones producidas por equipos de tercer orden como los que enfrentó en la primera fase o en errores arbitrales en ocasión del partido con México.
Argentina jamás –en la era Maradona- fue una expresión colectiva.
Aquí, en Sudáfrica, quedó total, absoluta y definitivamente clara la cuestión.
El Rey y sus hombres estuvieron siempre desnudos. Cualquiera con mirada de niño hubiera podido señalarlo.
No vieron aquellos que no quisieron ver.
Maradona apeló todo el tiempo al sentimentalismo. O no lo entendieron o no le creyeron. O no lo escucharon, o simplemente, no alcanza.
No alcanza con ser Mito para transmitir confianza. Menos para transpolar conocimiento.
Los goleadores, los “milagros” al estilo “traeme a Palermo” sólo tuvieron lugar frente a rivales dèbiles.
No alcanza con ser Maradona para motivar.
Argentina jamás tuvo coordinación de movimientos.
Fue un absoluto intento en solitario, uno por uno.
Fue, a imagen y semejanza de su entrenador, solo voluntad.
Por eso la distorsión de los dichos en la conferencia.
Por eso la creencia de que Argentina jugó “el fútbol que le gusta a la gente”.
A la gente de Alemania.
Fue paupèrrimo lo de Argentina frente a los alemanes. Pero Maradona, en su mundo, quedó convencido de que las “cosas se hicieron bien”.
Se hicieron mal en el camino previo al recorrido, en la eliminatoria. Se hizo mal, probablemente, la elección. El mayor problema que tuvo el equipo aquí en Sudáfrica fue la carencia de juego en los medios.
Quedó fuera de la lista un medio campo completo (Zanetti, Cambiasso y Riquelme). El tècnico privilegió “el grupo”. Pues no dio resultado, lamentablemente.
Maradona es estado de emoción violenta en estado permanente. Por eso, el que apareció en la conferencia de prensa, sigue siendo el mismo que derramó lágrimas en la final de Italia 90. Sigue siendo jugador.
Lo dijo Tévez: “es uno más de nosotros”.
El entrenador no puede ser “uno màs del grupo”.
Debe estar por encima.
Nunca se vió un entrenador.
Se creyó en Maradona (parte del mundo futbolístico en la Argentina decidió creer en Maradona por lo que fue).
Hubo una parte de la crítica que le observó algunas cuestiones. Jamás fue escuchada por quienes tomaron las decisiones y uno los entiende (a los que tomaron las decisiones).
Julio Grondona puso en pràctica lo que miles han declamado solamente: darle la posibilidad a Maradona.
Darle la chance que se ganó como jugador.
Grondona lo hizo.
Y creo que nada puede reprochársele.
El problema es que, a mi juicio al menos, ha quedado claro que no está en condiciones de conducir.
El primer partido en serio lo perdió.
Y cuatro a cero. Y si uno hace el ejercicio de concatenar los “partidos en serio” que jugó, los perdió casi todos, excepto aquel del Centenario. Bolivia, Ecuador, Paraguay, Brasil en Rosario, todos argumentos que la realidad fue entregando como para que no existieran elementos esperanzadores. Solo que se trata de fútbol. Y en fútbol suelen aparecer los momentos irrepetibles por lo ilógico. Uruguay y ese final de película con Ghana pueden dar fe de ello.
Argentina llegó lejos en el mundial, si uno considera lo que era como expresión colectiva de juego.
Lo hizo a caballo de sus goleadores extraordinarios sí, pero fundamentalmente, por las carencias de aquellos que enfrentó hasta llegar a Alemania.
Los dirigidos por Low pusieron, hay que decirlo con todas las letras, las cosas en su lugar.
Hubo esa diferencia entre los dos equipos.
Se fue Brasil.
Ha marchado la Argentina.
El primero producto de sus errores, no rematar ante los caidos holandeses.
Argentina porque no era lo que el Mundo Maradona (y sus acólitos), creyeron.
Lección de fútbol recibió Maradona.
Lección de juego recibió el equipo.
Solo queda ponerse a trabajar lo más ràpido posible.
Habrá que seguir esperando hasta el 2014 por Messi y por todos los demás.
COLUMNATA POST ELIMINACIÓN PUBLICADA EN PERFIL DE PAPEL.
Podría comenzar uno el texto post cero-cuatro con una sentencia: Maradona tiene para sí la certeza absoluta de su incapacidad para armar un equipo. Maradona, podría decirse, la tiene adentro (a la Incapacidad, en su cabeza, en su alma).
Alemania puso las cosas en su exacto lugar. No hubo tiempo para “milagros” del tipo “traéme a Martín”, ni para otras cuestiones metafísicas. El Mito no alcanza. Ser D10s es insuficiente. Friedrich es ateo. También Lucas Podolsky. Lo mismo Miroslav Klose. Ni hablar de Sebastian Schweinsteiger, que le pegó un baile descomunal a todo el equipo argentino. Fue, Sebastian, la contratara de Messi, quien jamás apareció.
El rey y su comitiva quedaron, finalmente, desnudos. Alemania se encargó de bajar de un pedestal con la prepotencia del marcaje, el toque por abajo, el contragolpe, la contundencia, toda la mentirosa ilusión que el equipo de Maradona generó con triunfos absolutamente olvidables frente a cartoneros nigerianos, un sindicato de taxistas de Corea y cosechadores de olivas provenientes de Grecia. Con México ayudaron los àrbitros.
Alemania dio càtedra de cómo juega un equipo. Argentina fue el exacto molde que Maradona diseñó desde que asumió como entrenador: la nada misma. Ni rebeldía, ni juego, ni ideas, ni arrestos individuales, ni soluciones desde el banco, ni pelotas detenidas, ni combinaciones, ni paredes, ni caños, ni tacos, ni defensa, ni –casi- entrega. Alemania fue tan superior como lo marca el resultado. Y creo que si estaban finos, Argentina terminaba reeditando la goleada en contra con Bolivia. Fueron 4 pero pudieron ser, mínimo, seis.
Creyó, el dt, que Pastore (¡que ni siquiera fue determinante en Huracàn-Vélez!), podía cambiar las cosas contra los alemanes. Nada más alejado de la realidad. Nada tan irreal. Ocurre que en el Planeta Maradona abundan la magia, las creencias, el “supercherismo” extremo. Heinze, (ese horrendo futbolista cuyo hermano es empleado de la Marketinera que tiene como cliente principal a Maradona), jugó. Verón no. El único socio posible de Messi vió todo el partido desde el banco. Ni el Negro Enrique pudo torcer las “decisiones” del entrenador. Tampoco el hombre de negocios Mancuso. Lo que quedó claro fue la enorme influencia de Oscar Ruggeri, cronicada por el grupo de permanentes genuflexos maradonianos que ¿informaban? desde Pretoria.
Ni el enorme aparato pseudo-nazi, cuasi goebbeliano (imperdible texto “El Narrador” de ayer) de que dispone el gobierno para atacar al periodismo independiente, ni los arrastrados maradonianos de los programas de segmentos podrán compaginar –y distorsionar- lo que pasò aquì, en Ciudad del Cabo esta tarde.
Alemania dio una lección de fútbol a Maradona, a la Argentina. La soberbia, el autoritarismo, la vana ilusiòn han quedado atràs. ¿Quedarán atràs, o le darán otra oportunidad al esperpèntico cuerpo tècnico que perdió el primer partido serio del mundial?
Cuando se postulaba para el cargo escribí en Perfil: “hay que decirle no a Maradona”. El desperdicio de Messi perpetrado aquì y los papelones previos de la Eliminatoria, eximen de cualquier rectificación.
Podría comenzar uno el texto post cero-cuatro con una sentencia: Maradona tiene para sí la certeza absoluta de su incapacidad para armar un equipo. Maradona, podría decirse, la tiene adentro (a la Incapacidad, en su cabeza, en su alma).
Alemania puso las cosas en su exacto lugar. No hubo tiempo para “milagros” del tipo “traéme a Martín”, ni para otras cuestiones metafísicas. El Mito no alcanza. Ser D10s es insuficiente. Friedrich es ateo. También Lucas Podolsky. Lo mismo Miroslav Klose. Ni hablar de Sebastian Schweinsteiger, que le pegó un baile descomunal a todo el equipo argentino. Fue, Sebastian, la contratara de Messi, quien jamás apareció.
El rey y su comitiva quedaron, finalmente, desnudos. Alemania se encargó de bajar de un pedestal con la prepotencia del marcaje, el toque por abajo, el contragolpe, la contundencia, toda la mentirosa ilusión que el equipo de Maradona generó con triunfos absolutamente olvidables frente a cartoneros nigerianos, un sindicato de taxistas de Corea y cosechadores de olivas provenientes de Grecia. Con México ayudaron los àrbitros.
Alemania dio càtedra de cómo juega un equipo. Argentina fue el exacto molde que Maradona diseñó desde que asumió como entrenador: la nada misma. Ni rebeldía, ni juego, ni ideas, ni arrestos individuales, ni soluciones desde el banco, ni pelotas detenidas, ni combinaciones, ni paredes, ni caños, ni tacos, ni defensa, ni –casi- entrega. Alemania fue tan superior como lo marca el resultado. Y creo que si estaban finos, Argentina terminaba reeditando la goleada en contra con Bolivia. Fueron 4 pero pudieron ser, mínimo, seis.
Creyó, el dt, que Pastore (¡que ni siquiera fue determinante en Huracàn-Vélez!), podía cambiar las cosas contra los alemanes. Nada más alejado de la realidad. Nada tan irreal. Ocurre que en el Planeta Maradona abundan la magia, las creencias, el “supercherismo” extremo. Heinze, (ese horrendo futbolista cuyo hermano es empleado de la Marketinera que tiene como cliente principal a Maradona), jugó. Verón no. El único socio posible de Messi vió todo el partido desde el banco. Ni el Negro Enrique pudo torcer las “decisiones” del entrenador. Tampoco el hombre de negocios Mancuso. Lo que quedó claro fue la enorme influencia de Oscar Ruggeri, cronicada por el grupo de permanentes genuflexos maradonianos que ¿informaban? desde Pretoria.
Ni el enorme aparato pseudo-nazi, cuasi goebbeliano (imperdible texto “El Narrador” de ayer) de que dispone el gobierno para atacar al periodismo independiente, ni los arrastrados maradonianos de los programas de segmentos podrán compaginar –y distorsionar- lo que pasò aquì, en Ciudad del Cabo esta tarde.
Alemania dio una lección de fútbol a Maradona, a la Argentina. La soberbia, el autoritarismo, la vana ilusiòn han quedado atràs. ¿Quedarán atràs, o le darán otra oportunidad al esperpèntico cuerpo tècnico que perdió el primer partido serio del mundial?
Cuando se postulaba para el cargo escribí en Perfil: “hay que decirle no a Maradona”. El desperdicio de Messi perpetrado aquì y los papelones previos de la Eliminatoria, eximen de cualquier rectificación.

