CLÁSICO A LA MEDIDA DE ROMÁN; la Historia, cruel con el Muñeco Gallardo (una continuación del “largo adiós”).

Noticias | Pipo Rossi | 26-03-2010

La imagen, virulentamente contrastante.

La risa a cara entera de Riquelme, el gesto adusto del Muñeco Gallardo.

Para colmo se viene el tele-been de la mordida a Medel.

Con flashback a los arañazos del 2004. Aquellos al Pato Abbondanzieri, hoy feliz en Brasil.

Cruel, como dice Simeone, ésto del fóbal.

Pero no casual, añadiría el sentido común. Ya se viene, en breve, el retorno de José María Aguilar como agente Fifa.

Aguilar y sus muchachos, los que dejaron tierra arrasada en River, se aprestan para volver al ruedo como agentes Fifa.

Entonces…es casual o causal lo que vive River Plate, tu grato nombre?

Un Boca “rengo” desnudó la  -permítanme el oxímoron-  la inmensa pequeñez de River. 

Le pasó de todo a Boca.

Se le inundó la cancha.

Se le lesionó Ibarra el lunes posterior a la suspensión del partido.

Su técnico estuvo a un paso de irse post-partido, pasara lo que pasase.

Vino Maradona a la cancha después de un año de estar peleado con el ídolo Riquelme.

Riquelme dejó claro que podía ser el último clásico que jugara con la camiseta de Boca.

Unas horas antes del encuentro, algunos de sus futbolistas sufrieron una intoxicación producto de algún virus en lo que ingirieron en la cena del miércoles. Perdió entonces, a Morel Rodríguez, titular indiscutido en éste Boca.

Tuvo, como consecuencia de las lesiones, que debutar el colombiano Bonilla.

Debió improvisar a Muñoz como marcador lateral por la derecha; alguien que tenía un único antecedente (con los juveniles dirigidos por Miguel Angel Tojo hace más de cuatro años).

O sea, le pasó todo lo que podía pasarle en cuanto a lo que algunos llaman suerte, o falta de suerte.

Con todo en contra, ganó.

Dio la sensación de que el pibe (más pibe que nunca en un clásico por los porotos; he allí la ilusoria cuestión de los veranos plasmada como nunca), Rogelio Funes Mori podía disponer de una docena de posibilidades frente al arco.

O la tiraba afuera.

O se la entregaba a las manos de García.

Inmensos Riquelme y Medel.

Inmenso el esfuerzo de Palermo y Riquelme por estableces lazos dentro del campo de juego que no existen fuera de él.

Lo buscó toda la tarde Román a Martín.

Intentó todo el partido también Martín, incluso con esos intentos fallidos de taquitos defectuosos, en la infructuosa búsqueda de  Román.

No lo consiguieron.

Pero el intento se vió coronado por un merecidísimo triunfo.

Ni siquiera hizo falta brillo.

Bastó con el coraje y la decisión.

River fue un equipo chiquitito.

Más pequeño que nunca en el campeonato.

Profundizó todas sus carencias.

Quedó desnudo en su impotencia.

En su falta de jerarquía.

Con ex jugadores adentro (el pobre Gallardo, que no da más) provocando la añoranza de ex jugadores de afuera (el pobre Ortega, que no acierta el lugar y la hora de los entrenamientos entre semana).

El clásico fue para Boca.

Después de los 11 minutos del domingo pasado por agua y de los 79 de éste jueves soleado y bien porteño, no hubo un solo instante en que quienes estuvieron en la Bombonera pudieran tan solo sospechar que el resultado podía ser otro.

Adiós Gallardo.

¿Adiós Román?

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