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Es el día después.
Impresiona la actualidad de la frase (plena de cinismo si se quiere observar desde ese lugar), de Julio Humberto I de Viamonte.
Todo pasa.
Todo.
Incluso Mardona.
TRISTE, SOLITARIO Y FINAL.
Lo que mal anda, mal acaba reza la vieja cuestión popular. Debo confesarles que, cuando me dirigía a la Asociación del Fútbol Argentino para hacer la crónica de la muerte anunciada del demostrado incapaz, pensé: “no hay que apurarse; quizá en una de sus tantas vueltas de tuerca, decide cortarse solo y desdecirse de su atemorizante anuncio en el sentido de no seguir si le tocan algún colaborador”. Los dirigentes de la AFA no se lo permitieron.
No fue “así no sigo”.
Fue “así no sigue”.
Ni él ni todo el grupo de colaboradores reducidos a pseudos-esclavos de la voluntad del ex ilustre.
Ratificando lo publicado por ésta columna en relación al hartazgo que el discurso único, virulento, insolente, autoritario y soberbio que el d10s vino generando en el mundo del fútbol, la decisión del comité ejecutivo de no renovar el contrato a Maradona fue unánime.
Todo el mundo del fútbol estuvo de acuerdo con deshacerse de una vez y para siempre de Maradona.
Si algo hacía falta para ratificar la voluntad de todos los dirigentes de los clubes de primera división, fue la prepotente aparición del otrora astro en un programa de televisión el domingo por la noche intentando condicionar la futura decisión de sus empleadores.
Maradona nunca tomó nota de su terrenalidad.
Cuando lo haga, a la hora de su muerte, será demasiado tarde. No podrá enterarse, porque a èl, como a todos los seres humanos, la muerte, lo sorprenderá.
“Murió en Julio”, tituló el diario deportivo argentino en referencia a la salida del ex futbolista y ex director tècnico. “De aquì (de la AFA), me sacan solamente muerto”, Grondona dixit. “No lo den por muerto” dijo el cómico que oficia-ba de preparador físico del seleccionado argentino de fútbol, el tal Fernando. “No cambiaríamos nada de todo lo que hicimos en Sudáfrica”, insistió con la broma pocas horas antes del desenlace Signorini.
“Te banco a muerte” le dijo Chávez, otro cómico del Caribe, cuando lo tuvo a disposición de sus funciones tras pagarle la friolera de 600 mil dólares para anuncios que nada tenían que ver con el fútbol.
A esa hora, para ese momento, el Planeta Político Argentino le habìa bajado el pulgar.
Supo, el Gobierno, que hoy Maradona podía estar de su parte y mañana, a primera hora, pasar a militar en filas de la oposición.
Cuando el Planeta Fútbol tuvo las manos libres, y a Maradona en sus manos, se deshizo de él.
Sin miramientos.
Sin dolor.
Acaso con asco.
Con un poquitín de cinismo y doble discurso como corresponde a éstos casos.
Réquiem, entonces, para el d10s que ha muerto. El mito del gran deté, finalmente, muriò. El futbolista vivirà para siempre.

