El Pelado Almeyda es un futbolista que permanece vigente no solo por tener un físico privilegiado sino, fundamentalmente, por haberlo cuidado, entrenado, bien alimentado. Y además, hubo de sufrir como nadie a punto de pasar a retiro, la presión insoportable que significa jugar en la elite. Fortalecido que se hubo mentalmente, volvió y junto con Carrizo son los estandartes de éste River puntero. Eso sí: hizo falta un toque de realismo, el que aportó el Negro J.J, que vino a reemplazar al eyectado Pregón de Catalunya, Cappa, que sigue en descenso directo luego de demorar 9 fechas en advertir que Sessa ya no es el “Gato volador”, sino una suerte de Garfield pintoresco con exceso de peso.
La distancia entre lo que pregona Angel Cappa respecto de sus equipos, de lo que desean jugar sus equipos, del fútbol que le gusta y por tanto, comunica y enseña, y lo que efectivamente producen sus equipos, es decir lo que realmente se ve en la cancha, equivale a la distancia que hay entre La Plata y Barcelona: mucho más de 10.000 kilómetros.
Al profesor de Filosofía y Psicopedagogía puede salvarlo que caigan dos equipos cuyo andar, además de lidiar con el maldito promedio que los hace caer más rápido que al resto, juegan irregularmente como la mayoría de los que participan en el certámen argentino: hablo de All Boys y de Olimpo. Tal dicotomía produce la cuestión del descenso entre los recién ascendidos, que aún peleando la punta (en el caso de Olimpo), está en Promoción en tanto los “Albos” de Floresta, empezaron mal el campeonato y antes de que se llegue a disputar la mitad, ya estaban en los últimos puestos del promedio.
O sea, al genial Profesor Cappa, (genial porque, como él mismo ha dicho, “leyó dos o tres libros” y saca un campo de ventaja en un ambiente en el que la mayoría de los consumidores son semi-analfabetos), puede salvarse del descenso directo porque los otros pierden y no porque él gane.
Cosas de éste fútbol que, como decía el inolvidable Ratón Ayala (aquel 7 de San Lorenzo del 72 que pasó por el Atlético de Madrid), “en Europa no se consigue”.
A River no se lo sobra nada. Pero por ahora le alcanza.
Claro que falta una eternidad especialmente pensando en la construcción de un equipo a la que se ha visto obligado su entrenador de la tierra arrasada que encontró al llegar.
Decidió conservar el Negro. Se hizo, si se quiere, defensivo. ¿Y qué otra cosa iba a hacer?. Toda la perorata estúpida que le reclama “brillo” a River no pone en riesgo ni su economía, ni mucho menos, su prestigio.
Hace bien el Negro en no escuchar los cantos de sirena de los eternos invictos que solo ganan “en la parla”, pero que, puestos a competir, son “boleta” seguido.
River lucha cada sector del terreno como si fuera propio. Les ha desvuelto, J.J, el orgullo de transpirar la camiseta.
Tiene jugadores exquisitos, como los pibes Lamela y Lanzini, pero que han debido crecer en medio del fango de la Promoción. Es mucho más duro para ellos que para, por ejemplo, Iberbia o el ya emigrado Rojo, en Estudiantes. Ó Ricky Alvarez, en Vélez, quienes evolucionarán en un contexto casi surrealista para el fútbol argentino.
Ya llegarán los momentos de lucir. Antes, hay que salir de la Promoción en cuatro fechas, dopo del clásico, tendrá claro si la palabra “campeón” le queda grande o puede calzarle.
Al que todo parece quedarle grande es a Boca.
A sus referentes, Riquelme y Palermo, a su entrenador, al más ignoto de sus protagonistas o los llegados con antecedentes inmejorables como Erviti y al que no dejan de temblarle las rodillas.
No la tocaron contra Lanús.
Con un poquito, Lanús lo superó.
Un poquito de Valeri, un poquito de Hoyos, un poquito de Regueiro. Apenas, insisto, un poquito.
Riquelme parece haber cumplido con su obligación anual de dos goles de tiro libre.
Palermo va camino a romper otro récord: éste negativo.
Y el resto no para de temblar.
Falcioni también se volvió “conservador”. Corrijo: Falcioni es conservador.
Pero como ya se dijo en éstas columnas, el problema de Boca excede largamente a Riquelme. Solo que el otrora genial futbolistas, se ha ido encargando, ora declarando, ora pegándole magistralmente a la pelota en un par de tiros libres, en el centro de la escena.
Pero es una falacia.
Hace un poquito de calor y su aporte se reduce a toques intrascendentes a 70 metros del arco contrario.
Larga y dolorosa será la despedida.
Pero es lo que Boca eligió. O mejor, lo que su dirigencia, eligió. La doble competencia de varios equipos convierte en parejo al campeonato. Si jugaran solo éste certámen y, como muchos quieres, fuera un campeonato largo, Estudiantes y Vélez con 61 y 60 puntos, respectivamente, le hubieran sacado 20 puntos a Lanús, que es el que los sigue, en tanto a los “grandes” Boca (26) ó Independiente (34), para poner un par de ejemplos.
Llegando a la mitad del campeonato, él fútbol lo deja a Ortega. El muchacho no puede con sus demonios, solo atisba a culpar a los otros, esto es, hacer “la Gran Cappa”.
Y la nave va. Con el esforzado River punteando y con Vélez y San Lorenzo esperando completar.