Ha insistido el Profesor por Cadena Nacional, en lo “breve” de su paso por River. “En dos meses, el hincha de River ni se va a acordar que estuve dirigiendo al equipo”.
Más le vale: si la memoria fuera el fuerte del hincha probablemente no habría tanto “reciclaje” de la hermosísima versología que lo pone al frente una y otra vez.
Què se olviden lo más pronto posible, parece ser el ruego puesto en palabras por el Profesor al momento de la despedida.
Simpàtico, el Profesor.
Lo tomó en Promoción.
Lo dejó en Promoción.
Le faltó tiempo, dice.
Lo que jamás sabremos es si le faltó tiempo para que su equipo ganara un campeonato o para que se desfondara definitivamente en el promedio del descenso.
“El tema econòmico es algo que está en manos de mis abogados, ni sé cómo lo resolveremos”, dice, alejado de la mundana y baja cuestión de los dineros.
Un millón quinientos mil dólares ha facturado el Profesor por recibir a River en Promoción y dejarlo…en Promoción.
Extraordinario.
Pero de eso… mejor no hablar.
ADIÓS, QUERIDO VERSO, ADIÓS.
“Menos mal que Cappa se llamó a silencio en las últimas semanas; de lo contrario los hinchas de River corríamos el riesgo de seguir creyendo que eso que no decía con extrema elegancia era verdad, aún cuando el mundo se nos haya abierto bajo nuestros pies”. La frase de un azorado y golpeado simpatizante millonario que sigue deambulando tras el 0-1 con All Boys, sintetiza a la perfección lo que ha vivido River con Cappa y el trunco en los hechos “Tiki-tiki”: no hay peor ciego que aquel que no quiere ver.
La “Versología” menottista según César y su hijo adoptivo menos hábil, el “Cappismo cuasi ilustrado”, han sufrido otro duro revés. Uno más y van…
Le cuentan mil a César, el Gofa (Gran Oráculo del Fútbol Argentino), y vuelve a reaparecer para mandar a pique aquello de lo cual se haga cargo, ora como entrenador, ora como ocurrió hasta hace poco en Independiente, cómo Mánager.
Ojo… no digan que no lo advertimos: si el equipo ahora conducido por Mohamed llegara a “mojar” en la Sudamericana (Copa de la que habría sido eyectado en cualquier organización seria del mundo), es capaz de levantarse “alla” Ave Fénix y decir que él es el gran responsable.
Pero volvamos a Cappa.
A Cappa le ha ido mal en casi todos los lugares que estuvo. Eyectado de Racing, mandó al descenso a Banfield, sub campeón y penúltimo con Huracán (huyó faltando cuatro fechas, a diferencia de lo que hoy ocurre en River: le piden que se vaya a seis fechas del final).
Y siempre la gran contradicción: el Cappa reflexivo del “Tiki-tiki” y el Cappa real de los insultos y la queja permanente contra los Otros (árbitros, periodistas, entrenadores que piensan distinto, medios en los que veía conspiraciones permanentes, etc).
Nunca pudo formar un equipo que entregara confianza.
Carlos Timoteo Griguol, que humilló a todos los “Grandes” en la década del 80 con un Ferro Carril Oeste inolvidable (Crocco, Márcico, el uruguayo Giménez, el Negro Juárez, “Cacho” Saccardi, Cañete, Garré, Barisio), solía referirse a los dichos que sufría de Menotti y su troupe, “no juega bien River” se solazaban de afuera; el Timo, campechano al máximo, decía en comida con amigos: “Vos no te hagááás problema”, con su inocultable tonada cordobesa; “estos son puro blaaablááá, pero después tienen que ganar campeonatos, como ganaaamos nooosotros”.
Y tenía razón el Viejo Griguol.
Cuánta razón tenía.
Porque no hay conglomerado mediático por poderoso que éste sea, capaz de impedir que la gente, finalmente, vea.
Que compare.
Que advierta.
Que caiga en la cuenta.
No se puede mentir a todos durante todo el tiempo. Ya no recuerdo al autor de la sentencia, válida para el “menottismo ilustrado” y su hijo menos presentable “el cappismo cuasi ilustrado”.
No hacen bien los cambios.
No dan confianza a los jugadores (se la licuan con los cambios semana tras semana).
Siempre la responsabilidad es del “otro”, en caso de que la mano venga mal.
Y pierden en el final del camino.
Ganan, eso sí, la llamemos “batalla cultural”.
Al menos durante un tiempo.
Hasta que se vuelven a quedar desnudos.
Uno no entiende muy bien de dónde les viene la soberbia.
Puede que miren a cualquiera de todos aquellos que formamos parte del “mundo de a piè”, desde el pico altísimo de su ego. O quizá te “tiran” con su cuenta bancaria.
Cappa ganaba hasta Junio 600 mil dólares al año, pero cuando le renovaron la confianza camino a la ratificación de un lugar entre los que pugnan por evitar descender, le pusieron otra cifra: 1.500.000 dólares anuales.
Deja a River en “bancarrota futbolística”, hundido en el promedio y con una triple obligación contractual: el Club deberá pagar el contrato de Astrada (al que también echó Passarella), el de Cappa y el de Rubén Américo Gallego (el nombre que más fuerte suena para su reemplazo).
Pero no se preocupen: merced a la cosa Dialéctica, pronto volverán a aparecer.
LO QUE VENDRÁ.
Gallego le dijo que no.
Cuentan los amigos de Gallego, que el Gordo no le perdona al Káiser el hecho de que, en la intimidad, se refiera a él (al Tolo) como “un choborra”.
No se lo perdona Gallego y mucho menos -cuentan los amigos de Gallego- se lo perdona la mujer de Gallego, que, según parece, tiene mucho peso en las decisiones de su marido.
Por ahora, el Negro Jota Jota.
En enero, acaso Bielsa.
Pero, más solo que un 0, Daniel Alberto se pregunta què hacer con el presente horrendo que jamás imaginó y que, supuso, podía cambiar solo a partir de la enorme voluntad.