ADIÓS MARADONA.

Noticias | Pipo Rossi | 28-07-2010

Es el día después.
Impresiona la actualidad de la frase (plena de cinismo si se quiere observar desde ese lugar), de Julio Humberto I de Viamonte.
Todo pasa.
Todo.
Incluso Mardona.

TRISTE, SOLITARIO Y FINAL.

Lo que mal anda, mal acaba reza la vieja cuestión popular. Debo confesarles que, cuando me dirigía a la Asociación del Fútbol Argentino para hacer la crónica de la muerte anunciada del demostrado incapaz, pensé: “no hay que apurarse; quizá en una de sus tantas vueltas de tuerca, decide cortarse solo y desdecirse de su atemorizante anuncio en el sentido de no seguir si le tocan algún colaborador”. Los dirigentes de la AFA no se lo permitieron.
No fue “así no sigo”.
Fue “así no sigue”.
Ni él ni todo el grupo de colaboradores reducidos a pseudos-esclavos de la voluntad del ex ilustre.
Ratificando lo publicado por ésta columna en relación al hartazgo que el discurso único, virulento, insolente, autoritario y soberbio que el d10s vino generando en el mundo del fútbol, la decisión del comité ejecutivo de no renovar el contrato a Maradona fue unánime.
Todo el mundo del fútbol estuvo de acuerdo con deshacerse de una vez y para siempre de Maradona.
Si algo hacía falta para ratificar la voluntad de todos los dirigentes de los clubes de primera división, fue la prepotente aparición del otrora astro en un programa de televisión el domingo por la noche intentando condicionar la futura decisión de sus empleadores.
Maradona nunca tomó nota de su terrenalidad.
Cuando lo haga, a la hora de su muerte, será demasiado tarde. No podrá enterarse, porque a èl, como a todos los seres humanos, la muerte, lo sorprenderá.
“Murió en Julio”, tituló el diario deportivo argentino en referencia a la salida del ex futbolista y ex director tècnico. “De aquì (de la AFA), me sacan solamente muerto”, Grondona dixit. “No lo den por muerto” dijo el cómico que oficia-ba de preparador físico del seleccionado argentino de fútbol, el tal Fernando. “No cambiaríamos nada de todo lo que hicimos en Sudáfrica”, insistió con la broma pocas horas antes del desenlace Signorini.
“Te banco a muerte” le dijo Chávez, otro cómico del Caribe, cuando lo tuvo a disposición de sus funciones tras pagarle la friolera de 600 mil dólares para anuncios que nada tenían que ver con el fútbol.
A esa hora, para ese momento, el Planeta Político Argentino le habìa bajado el pulgar.
Supo, el Gobierno, que hoy Maradona podía estar de su parte y mañana, a primera hora, pasar a militar en filas de la oposición.
Cuando el Planeta Fútbol tuvo las manos libres, y a Maradona en sus manos, se deshizo de él.
Sin miramientos.
Sin dolor.
Acaso con asco.
Con un poquitín de cinismo y doble discurso como corresponde a éstos casos.
Réquiem, entonces, para el d10s que ha muerto. El mito del gran deté, finalmente, muriò. El futbolista vivirà para siempre.

MARADONA, LA CONTINUIDAD AL SERVICIO DE LA CAUSA K. Siga el baile, siga el baile…

Noticias | Pipo Rossi | 14-07-2010

El texto se escribió unas horas después del final del campeonato mundial. Y pocas horas antes de emprender el regreso a la fría Buenos Aires desde la helada Johannesburgo.
Lo que fui “construyendo” a travès de llamados telefónicos, comidas en algún restaurant de Mandela Square, coincidentes encuentros en el vuelo 1955 del martes 13 (no te cases ni te embarques excepto cuando en primera clase venga Carlos Bianchi con lo cual es imposible que algo malo le pase a la máquina), cafés a primera mañana en Buenos Aires y otras yerbas no cambia el panorama.
No lo cambia en absoluto.
Más bien lo confirma.
Veremos.
Y veremos hasta donde llega la fortaleza de las “sugerencias” que Julio Humberto recibirá desde Casa Rosada.

MARADONA Y LA CUESTIÓN DEL PODER. Historia mìnima de la continuidad al frente del equipo.

Existen dos poderosas razones que pueden inclinar la balanza a favor de que Maradona, de probada ineficacia como director técnico durante los días de Sudáfrica, continúe en el cargo.
Una de ellas es la Razón Política. La otra, la Razón Demagógica. No debieran subestimarse ambas entrelazadas cuestiones de aquí a los días por venir. Días de decisiones graves e importantes para el futuro del seleccionado argentino de fútbol.
La primera, la Razón Política, tiene sus bases bien sólidas en acuerdos del partido que gobierna la Argentina con el poder político del fútbol, con Grondona en primer lugar y con el propio Maradona, para el cual todo es mensurable en dólares. Todo tiene precio. Sumarse a la campaña del partido gobernante desde el apetecible puesto de director técnico del seleccionado argentino de fútbol puede significar ingresos millonarios al año en dólares. O en euros.
Ambos, poder político que gobierna el Estado y poder político que manda en el fútbol, ya han refrendado acuerdos que echaron por la borda contratos privados no hace mucho. Es historia antigüa, pero ese acuerdo puso felíz a todos en la Argentina. A todos los que formaron parte del acuerdo: dirigentes del fútbol (plata constante y sonante) y Goberno. No tiene porqué resquebrajarse ese felíz acuerdo. Hoy menos que nunca, mirado a un año de las elecciones y con la Copa América a la vuelta de la esquina, en casa. “Aguante Maradona, aguante la selección”, gritó la Presidente, luego del recibimiento (medio armado, medio espontáneo) que tuvo el equipo.
Esta es la Razón Demagógica. La –llamémosle- razón popular. La del amor incondicional de un sector del pueblo futbolero que jamás verá imperfecciones, errores, metidas de pata en el Mito-Entrenador de probada incapacidad para el cargo.
No existe ninguna otra posibilidad para entender y/o aceptar que Maradona siga al frente del equipo que las descriptas.
Ni futbolísticas, ni mucho menos, de liderazgo o pensamiento estratégico.
Maradona demostró desde que asumió como entrenador en el equipo nacional, que sabe poco. Y lo poco que sabe lo transmite mal.
Entiende poco del juego (en función de lo que puede esperarse de cada quién en cada función; en función de la elección de cada quien para cada puesto); pero mucho más grave para sus conducidos es la confianza que pretende hacer descansar detrás de arengas que terminan vaciando cualquier contenido.
Pierden valor las palabras, aún cuando vengan, aún cuando procedan del Mito. Diría que tienen, en el dirigido, la consecuencia de la destrucción del mito mismo. Le dejan de creer, lisa y llanamente a Maradona, devenido Diego, subvaluado en Diegote.
Ahora (hace tiempo en realidad), sabemos que lo que el Mito-Entrenador entregó como soluciones en formato de palabras después del baile fenomenal que estaba sufriendo el equipo en la lejana (en tiempo y distancia a Johannesburgo, barcito portugués del suburbio muy portugués de Oakdene, a unos 40 km del centro), ciudad de Rosario contra los brasileños fue: “Vamo muchacho que podemo, eh”?, tras permanecer en luctuoso silencio durante los 17 minutos que duró el entretiempo.
Vamos muchachos que podemos.
Eso fue todo.
Es cierto que pudimos haber transitado algún camino engañoso al comienzo y hasta el partido con México, aquí en Sudáfrica. Acaso la exhuberancia de los delanteros argentinos nos indujo. No tanto a nosotros, que nunca exageramos el entusiasmo. Si en cambio allá, en la Argentina, donde el deseo de la magia es siempre más fuerte que los hechos mismos. Hasta que los hechos te dejan completamente desnudo. Los 4 goles que nos propinó Alemania, dejaron al Rey desnudo y también a sus jugadores y a su planteo y a su decisión estratégica y a su elección de nombres para tal circunstancia.
Fue, el paso por la primera fase, un espejismo. Lo mismo México, pero no podíamos sino aferrarnos a la espera por Messi que llegará hasta Brasil 2014.
También fue un engaño la aparente “tranquilidad” del conductor. Ahora sabemos, y con el correr de los meses el asunto irá in crescendo, que hubo “tole-tole”, “carascúlicas” y mucho enojo en el descabezamiento que el impresentable Mancuso tejió desde adentro en perjuicio de Verón, y análogamente, de Messi.
Mancuso, alias “no creo que Diego se baje” (porque de ese modo se acabarían las posibilidades enormes de convertir en un coto de caza particular el seleccionado argentino para mí y para mis contactos y amigos, le faltó decir), explicó que “en la Argentina no hay laterales” mientras buscaba palabras que permitieran entender el baile con que los alemanes eyectaron al conjunto argentino del mundial. Al que trajeron (Clemente) no lo pusieron; al que dejaron afuera campeón con el Inter (Zanetti), comentaba para la tevé mexicana.
Es que, para colmo, Maradona el detè de probada ineficacia, se rodeó de un grupo de “notables” encabezados por el hombre de negocios Mancuso y Oscar Alfredo Ruggeri (el director tècnico que viene precedido por un palmarés impresionante: de cada diez partidos que dirigió, perdió 9 ú 8 y ½). “Diego hizo las cosas bien”, sentenció Ruggeri en referencia al partido contra Alemania, para completar: “pero si jugara otra vez ese partido, cambiaría todo”. Si no fuera gracioso, sería una tragedia.
Grondona no quiere que Maradona siga. Pero no tomará la decisión de echarlo. En él, la Razon Demagógica está por encima incluso de la Razón Política (o empresarial). Puede Grondona, desechar futuros dineros que vendrán de la “caja política argentina” porque dispone de otras Cajas. La Fifa acaba de ganar la friolera de 1.000 millones de dólares (limpios) tras la organización de Sudáfrica 2010. Julio Humberto I de Viamonte, alias “de la AFA me van a sacar muerto”, se sienta sobre una montaña de dólares en su poltrona de vicepresidente del mundo, perdón, de la Fifa. Pero, aún así poderoso y millonario, hay que caminar por Buenos Aires habiéndose “cargado” al Mito-Entrenador, de probada ineficacia.
Grondona no lo hará.
Y Maradona, probablemente, tampoco “se baje” como dijo Mancuso.
Sí puede producirse un término medio aristotélico en el que siga Maradona pero le pongan dos entrenadores serios, conocedores, responsables, al fin, de la conducción, de hablar, de plantear los partidos, de entrenar en el campo, de dirigir al equipo en suma.
Es lo que hablarán cara a cara Grondona y el Mito-Entrenador en estos días.
Maradona quedaría entonces al frente de lo que mejor le sale: ser popular, ser amado, ser mirado, ser mito, enojarse, reír y llorar frente a las cámaras y que el espectáculo continúe, como corresponde más que nunca a los tiempos que nos toca vivir. Entretenimiento hasta morir.

RECUERDOS DE SUDÀFRICA II (la epopeya de Uruguay… y todavía falta el partido por el tercer puesto).

Noticias | Pipo Rossi | 08-07-2010

Eso, todavía falta el partido por el tercer puesto.
Algunos ruegan que Alemania le gane a Uruguay (desde una mirada extremadamente “maradoniana” para poder decir: “vieron que Uruguay no era màs que la Argentina”.
En fin…
No nos detengamos en cuestiones menores.

URUGUAY, la alegría sudamericana.

Durante la mayor parte del encuentro hubo una esplendorosa sensación: aquella que permite milagros inesperados. Uruguay era màs que Holanda, le estaba empatando el partido y entregaba todos los elementos como para soñar con una final cientos de años después. Hasta el final, hasta el último minuto. Respeto, admiración y orgullo es lo que queda de la actuación del “paisito”.
Pero Sneijder es ateo, no cree en milagros ni destinos sudamericanos.
Y ha quedado claro, lo sabe Brasil el continente todo, que el tipo ha sido tocado por los dioses en esta Copa del Mundo.
Le pegó mordida, la pelota rozó en las piernas del defensor uruguayo e hizo de la estirada de Muslera, apenas una impericia.
El partido se jugó casi todo el tiempo al ritmo que propuso Uruguay.
¿Y?
El viejo-eterno debate en torno a la tenencia del balón y su utilidad medida en eficacia.
El remate de Gio dejò atònitos a todos en el estadio. Un remate de, mìnimo, 30 metros cruzado y al ángulo. Un tiro “alla” Roberto Carlos, cuando la pelota no era tan compleja como la famosa jabulani.
En medio del “control” uruguayo, uno a cero abajo para La Celeste.
Pero estaba Forlán.
Para meter un zurdazo exquisito con màs sutileza que violencia, que sirvió para el empate transitorio.
Uruguay ha hecho un mundial enorme. Muy por encima de sus expectativas (¿o de las nuestras?).
Holanda recién pudo controlar el partido después del tercer gol, ese cabezazo sublime de Robben, que anticipa a Victorino.
Aún con las impresionantes bajas (el goleador, su capitàn), Uruguay se las arregló para superar en terreno y acciones a los europeos.
Pero la eficacia paga.
Su falta, la contratara, también.
Lo poco de lo cual dispuso Holanda, lo utilizó.
En ese sentido, fue letal.
Y una vez aparecidos los goles holandeses en el partido, el encuentro definitivamente se abrió.
Para ellos (los holandeses).
Fundido, Forlán debió salir.
Pero nadie le quita al Gringo la sensación de haber hecho un mundial extraordinario.
Igual que su equipo.
Dicen que a nadie le gusta jugar ese partido del día anterior a la final. El del tercer puesto.
Más: hay quienes piden a la Fifa que lo olvide, porque se trata de un partido que recuerda a quienes lo juegan el dolor de no estar en la final.
Envidio la posibilidad que tendrá el equipo del Maestro Tavarez, aún cuando ellos sientan que faltó tan poquito para la hazaña definitiva.
Salud Celeste! Hiciste de la llegada holandesa a la final, un parto.
Lo tuyo ha sido francamente descomunal.
Épico y maravilloso.
La guapeza, el corazón y el juego (el Juego en teórica inferiodad de condiciones en la semi por las mencionadas bajas), jamás habrán de olvidarse.
Fue, Uruguay, la gran alegría sudamericana

COMIENZAN LOS RECUERDOS I (Bielsa, el Loco del Campo, que perdiendo otra vez, hizo feliz a Chile).

Noticias | Pipo Rossi | 08-07-2010

Columna publicada luego de presenciar el partido que Brasil le ganó a Chile, acá cerquita de donde vivimos, en el Ellis Park de Johannesburgo.
Se colgó en la web de Fox (que pagó viáticos para que éste escriba pudiera viajar a tierras tan lejanas). Una vez cumplido “el mandato laboral”, recompilamos y nos damos el gusto aquì.

CHILE PUEDE DORMIR TRANQUILO.

Llegó demasiado lejos. Hizo mucho màs de lo que se auto-exigió éste Chile guapo de Marcelo, el Loco del Campo, Bielsa. Si uno hace un petit ejercicio uno por uno entre Brasil y Chile, caerà en la cuenta de que sólo en la cabeza del entrenador, capaz de conmover hasta las piedras, cabía la alternativa de jugarle uno contra uno o de igual a igual a Brasil, candidatazo serial de las Copas del Mundo.
Piense: ¿acaso Bravo podría reemplazar a Julio Cèsar?
Valdivia y Matías Fernández juntos… ¿son màs o menos que Kaká?
Carmona, con toda la furia, puede ser elegido antes que Gilberto Silva?
¿Suazo por Luis Fabiano?
Y asì hasta el final.
Fuentes y Lucio o Mark González con Robinho.
Imposible.
Imposible igualar en jerarquìa a Brasil.
Sin embargo, el equipo del Loco del Campo le sostuvo el “cara a cara” como le llaman los españoles a uno de los más firmes sino el más firme candidato a ganar la Copa.
Brasil es serio.
Madurez y seriedad en muchos de sus hombres se combinan con frescura y espontaneidad en el momento de jugar.
Y fiereza.
Competitividad.
Dunga ha moldeado un equipo que puede no convencer porque no hace gala de exquisiteces tècnicas.
Va a los bifes.
Si lo sabrá la Argentina, goleada igual que Chile pero de local, en casa, en ocasiòn de las eliminatorias.
El mundial es distinto, claro está.
O debiera serlo.
Lo fue para Chile frente a Brasil.
Mucho se especuló en éstas columnas respecto de la “versión” de Bielsa con la que ha contado y contará Chile para éste y el próximo mundial (tiene trabajo asegurado el Loco, excepto que èl mismo decida partir hacia otros lares).
Hemos escrito màs de una vez que ésta iba a ser la mejor versiòn del entrenador.
Estábamos equivocados: no hay mejor versiòn porque hay una ùnica versiòn de Bielsa: la que ataca y arriesga siempre, sea cual fuere el terreno y el adversario.
Han brillado algunos de sus futbolistas.
Ha perdido con aquellos dos adversarios (España y Brasil) que en los papeles podía perder.
Pero ha convencido a propios y extraños en Chile de que las utopías no solo son posibles sino necesarias.
Cayó gallardamente Chile.
Buscando con muchìsima gente en ataque hasta el minuto final, como ese remate de Beausejour, después de la habilitaciòn de Valdivia.
Chile puede dormir tranquilo.
Ha hecho un gran campeonato.
Y perdiò con el màs serio candidato que ha mostrado ésta Copa para ganar el mundial.
Brindaremos con un buen pinot noir sudafricano a la salud del Loco Bielsa.

EL MITO NO MORIRÀ JAMÀS (nos trascenderá largamente por siglos y siglos). EL PROBLEMA ES EL director tènico. Crónica intitulada “Me quedé con las ganas de pedir perdón” o “Hay que esperar hasta el 2014 para los perdones y por Messi”

Noticias | Pipo Rossi | 05-07-2010

El problema no es con el mito. Perdòn, con el Mito. El asunto es con el DT. No alcanza el corazón, no alcanzan las emociones, no es suficiente la proclama encedida. “Última estación: la Gloria” decía un cartel que iba, incluso, delante del micro que trasladaba a la ARgentina aquì, en Pretoria.
Cuánto tiempo màs llevará darse cuenta que no es, el MITO, alguien con condiciones para dirigir un equipo?
En fin… llevo dos años repitiendo palabras que, hasta a mi, me han cansado. Es maravilloso que la gente vaya a buscar y reciba con aliento al tècnico y los jugadores en Ezeiza. Eso es, francamente, alentador.
El tema es que el amor incondicional de todo el paìs futbolero con el Mito, no sirve para ganarle a los alemanes.

CRONICA post Eliminación publicada en la web de Fox.

Alemania le pegó un baile descomunal al equipo de Maradona. Le hizo cuatro goles, le pudo haber hecho seis. Le hizo, finalmente, precio como decimos en la Argentina. Una lección de fútbol entregó el conjunto alemán. No le dejó ninguna posibilidad. Lo maniató. Lo liquidó futbolísticamente.
Nos quedamos sentados, esperando a Messi.
El propio Maradona conspiró contra el futbolista genial del Barcelona. No le puso nunca a Verón, el ùnico eventual socio que tuvo en su recorrido por la Copa, en Sudáfrica.
Jamás apareció Messi. La figura fue Sebastian Schwinsteiger, descomunal, soberbio, extraordinario.
Hubo una ilusiòn, obviamente.
El problema es que la ilusión se cimentó en falsas visiones producidas por equipos de tercer orden como los que enfrentó en la primera fase o en errores arbitrales en ocasión del partido con México.
Argentina jamás –en la era Maradona- fue una expresión colectiva.
Aquí, en Sudáfrica, quedó total, absoluta y definitivamente clara la cuestión.
El Rey y sus hombres estuvieron siempre desnudos. Cualquiera con mirada de niño hubiera podido señalarlo.
No vieron aquellos que no quisieron ver.
Maradona apeló todo el tiempo al sentimentalismo. O no lo entendieron o no le creyeron. O no lo escucharon, o simplemente, no alcanza.
No alcanza con ser Mito para transmitir confianza. Menos para transpolar conocimiento.
Los goleadores, los “milagros” al estilo “traeme a Palermo” sólo tuvieron lugar frente a rivales dèbiles.
No alcanza con ser Maradona para motivar.
Argentina jamás tuvo coordinación de movimientos.
Fue un absoluto intento en solitario, uno por uno.
Fue, a imagen y semejanza de su entrenador, solo voluntad.
Por eso la distorsión de los dichos en la conferencia.
Por eso la creencia de que Argentina jugó “el fútbol que le gusta a la gente”.
A la gente de Alemania.
Fue paupèrrimo lo de Argentina frente a los alemanes. Pero Maradona, en su mundo, quedó convencido de que las “cosas se hicieron bien”.
Se hicieron mal en el camino previo al recorrido, en la eliminatoria. Se hizo mal, probablemente, la elección. El mayor problema que tuvo el equipo aquí en Sudáfrica fue la carencia de juego en los medios.
Quedó fuera de la lista un medio campo completo (Zanetti, Cambiasso y Riquelme). El tècnico privilegió “el grupo”. Pues no dio resultado, lamentablemente.
Maradona es estado de emoción violenta en estado permanente. Por eso, el que apareció en la conferencia de prensa, sigue siendo el mismo que derramó lágrimas en la final de Italia 90. Sigue siendo jugador.
Lo dijo Tévez: “es uno más de nosotros”.
El entrenador no puede ser “uno màs del grupo”.
Debe estar por encima.
Nunca se vió un entrenador.
Se creyó en Maradona (parte del mundo futbolístico en la Argentina decidió creer en Maradona por lo que fue).
Hubo una parte de la crítica que le observó algunas cuestiones. Jamás fue escuchada por quienes tomaron las decisiones y uno los entiende (a los que tomaron las decisiones).
Julio Grondona puso en pràctica lo que miles han declamado solamente: darle la posibilidad a Maradona.
Darle la chance que se ganó como jugador.
Grondona lo hizo.
Y creo que nada puede reprochársele.
El problema es que, a mi juicio al menos, ha quedado claro que no está en condiciones de conducir.
El primer partido en serio lo perdió.
Y cuatro a cero. Y si uno hace el ejercicio de concatenar los “partidos en serio” que jugó, los perdió casi todos, excepto aquel del Centenario. Bolivia, Ecuador, Paraguay, Brasil en Rosario, todos argumentos que la realidad fue entregando como para que no existieran elementos esperanzadores. Solo que se trata de fútbol. Y en fútbol suelen aparecer los momentos irrepetibles por lo ilógico. Uruguay y ese final de película con Ghana pueden dar fe de ello.
Argentina llegó lejos en el mundial, si uno considera lo que era como expresión colectiva de juego.
Lo hizo a caballo de sus goleadores extraordinarios sí, pero fundamentalmente, por las carencias de aquellos que enfrentó hasta llegar a Alemania.
Los dirigidos por Low pusieron, hay que decirlo con todas las letras, las cosas en su lugar.
Hubo esa diferencia entre los dos equipos.
Se fue Brasil.
Ha marchado la Argentina.
El primero producto de sus errores, no rematar ante los caidos holandeses.
Argentina porque no era lo que el Mundo Maradona (y sus acólitos), creyeron.
Lección de fútbol recibió Maradona.
Lección de juego recibió el equipo.
Solo queda ponerse a trabajar lo más ràpido posible.
Habrá que seguir esperando hasta el 2014 por Messi y por todos los demás.

COLUMNATA POST ELIMINACIÓN PUBLICADA EN PERFIL DE PAPEL.

Podría comenzar uno el texto post cero-cuatro con una sentencia: Maradona tiene para sí la certeza absoluta de su incapacidad para armar un equipo. Maradona, podría decirse, la tiene adentro (a la Incapacidad, en su cabeza, en su alma).
Alemania puso las cosas en su exacto lugar. No hubo tiempo para “milagros” del tipo “traéme a Martín”, ni para otras cuestiones metafísicas. El Mito no alcanza. Ser D10s es insuficiente. Friedrich es ateo. También Lucas Podolsky. Lo mismo Miroslav Klose. Ni hablar de Sebastian Schweinsteiger, que le pegó un baile descomunal a todo el equipo argentino. Fue, Sebastian, la contratara de Messi, quien jamás apareció.
El rey y su comitiva quedaron, finalmente, desnudos. Alemania se encargó de bajar de un pedestal con la prepotencia del marcaje, el toque por abajo, el contragolpe, la contundencia, toda la mentirosa ilusión que el equipo de Maradona generó con triunfos absolutamente olvidables frente a cartoneros nigerianos, un sindicato de taxistas de Corea y cosechadores de olivas provenientes de Grecia. Con México ayudaron los àrbitros.
Alemania dio càtedra de cómo juega un equipo. Argentina fue el exacto molde que Maradona diseñó desde que asumió como entrenador: la nada misma. Ni rebeldía, ni juego, ni ideas, ni arrestos individuales, ni soluciones desde el banco, ni pelotas detenidas, ni combinaciones, ni paredes, ni caños, ni tacos, ni defensa, ni –casi- entrega. Alemania fue tan superior como lo marca el resultado. Y creo que si estaban finos, Argentina terminaba reeditando la goleada en contra con Bolivia. Fueron 4 pero pudieron ser, mínimo, seis.
Creyó, el dt, que Pastore (¡que ni siquiera fue determinante en Huracàn-Vélez!), podía cambiar las cosas contra los alemanes. Nada más alejado de la realidad. Nada tan irreal. Ocurre que en el Planeta Maradona abundan la magia, las creencias, el “supercherismo” extremo. Heinze, (ese horrendo futbolista cuyo hermano es empleado de la Marketinera que tiene como cliente principal a Maradona), jugó. Verón no. El único socio posible de Messi vió todo el partido desde el banco. Ni el Negro Enrique pudo torcer las “decisiones” del entrenador. Tampoco el hombre de negocios Mancuso. Lo que quedó claro fue la enorme influencia de Oscar Ruggeri, cronicada por el grupo de permanentes genuflexos maradonianos que ¿informaban? desde Pretoria.
Ni el enorme aparato pseudo-nazi, cuasi goebbeliano (imperdible texto “El Narrador” de ayer) de que dispone el gobierno para atacar al periodismo independiente, ni los arrastrados maradonianos de los programas de segmentos podrán compaginar –y distorsionar- lo que pasò aquì, en Ciudad del Cabo esta tarde.
Alemania dio una lección de fútbol a Maradona, a la Argentina. La soberbia, el autoritarismo, la vana ilusiòn han quedado atràs. ¿Quedarán atràs, o le darán otra oportunidad al esperpèntico cuerpo tècnico que perdió el primer partido serio del mundial?
Cuando se postulaba para el cargo escribí en Perfil: “hay que decirle no a Maradona”. El desperdicio de Messi perpetrado aquì y los papelones previos de la Eliminatoria, eximen de cualquier rectificación.
Podría comenzar uno el texto post cero-cuatro con una sentencia: Maradona tiene para sí la certeza absoluta de su incapacidad para armar un equipo. Maradona, podría decirse, la tiene adentro (a la Incapacidad, en su cabeza, en su alma).
Alemania puso las cosas en su exacto lugar. No hubo tiempo para “milagros” del tipo “traéme a Martín”, ni para otras cuestiones metafísicas. El Mito no alcanza. Ser D10s es insuficiente. Friedrich es ateo. También Lucas Podolsky. Lo mismo Miroslav Klose. Ni hablar de Sebastian Schweinsteiger, que le pegó un baile descomunal a todo el equipo argentino. Fue, Sebastian, la contratara de Messi, quien jamás apareció.
El rey y su comitiva quedaron, finalmente, desnudos. Alemania se encargó de bajar de un pedestal con la prepotencia del marcaje, el toque por abajo, el contragolpe, la contundencia, toda la mentirosa ilusión que el equipo de Maradona generó con triunfos absolutamente olvidables frente a cartoneros nigerianos, un sindicato de taxistas de Corea y cosechadores de olivas provenientes de Grecia. Con México ayudaron los àrbitros.
Alemania dio càtedra de cómo juega un equipo. Argentina fue el exacto molde que Maradona diseñó desde que asumió como entrenador: la nada misma. Ni rebeldía, ni juego, ni ideas, ni arrestos individuales, ni soluciones desde el banco, ni pelotas detenidas, ni combinaciones, ni paredes, ni caños, ni tacos, ni defensa, ni –casi- entrega. Alemania fue tan superior como lo marca el resultado. Y creo que si estaban finos, Argentina terminaba reeditando la goleada en contra con Bolivia. Fueron 4 pero pudieron ser, mínimo, seis.
Creyó, el dt, que Pastore (¡que ni siquiera fue determinante en Huracàn-Vélez!), podía cambiar las cosas contra los alemanes. Nada más alejado de la realidad. Nada tan irreal. Ocurre que en el Planeta Maradona abundan la magia, las creencias, el “supercherismo” extremo. Heinze, (ese horrendo futbolista cuyo hermano es empleado de la Marketinera que tiene como cliente principal a Maradona), jugó. Verón no. El único socio posible de Messi vió todo el partido desde el banco. Ni el Negro Enrique pudo torcer las “decisiones” del entrenador. Tampoco el hombre de negocios Mancuso. Lo que quedó claro fue la enorme influencia de Oscar Ruggeri, cronicada por el grupo de permanentes genuflexos maradonianos que ¿informaban? desde Pretoria.
Ni el enorme aparato pseudo-nazi, cuasi goebbeliano (imperdible texto “El Narrador” de ayer) de que dispone el gobierno para atacar al periodismo independiente, ni los arrastrados maradonianos de los programas de segmentos podrán compaginar –y distorsionar- lo que pasò aquì, en Ciudad del Cabo esta tarde.
Alemania dio una lección de fútbol a Maradona, a la Argentina. La soberbia, el autoritarismo, la vana ilusiòn han quedado atràs. ¿Quedarán atràs, o le darán otra oportunidad al esperpèntico cuerpo tècnico que perdió el primer partido serio del mundial?
Cuando se postulaba para el cargo escribí en Perfil: “hay que decirle no a Maradona”. El desperdicio de Messi perpetrado aquì y los papelones previos de la Eliminatoria, eximen de cualquier rectificación.