Torneos no es dueño de canales de Televisión. Ni en la Capital Federal ni en el interior.
Torneos no es dueño de sistemas de Cable. Ni en Capital Federal ni en ciudades del interior del país. Tampoco en el exterior.
Torneos no posee radios. Ni en la Capital Federal. Ni en el interior del país.
Torneos, Torneos y Competencias, no tiene diarios. No posee, Torneos, ni el diario de mayor penetración y venta de la República Argentina, uno de los principales de habla hispana, ni tampoco el principal diario de la segunda ciudad en importancia de la Argentina: La Voz del Interior en Córdoba. Solo para poner un ejemplo.
O sea, Torneos y Competencias, NO ES Clarín, dueño sí, de todo señalado anteriormente: Derechos + Cables + Señales de Cable + Canales de Aire + Diarios + Radios + Productoras de Tv (30% Ideas del Sur). Contundente, ¿verdad?
Torneos es, apenas, una Productora de Televisión que posee Derechos de certámenes de fútbol.
Un socio menor del Grupo Clarín. Muy menor. Ó lo era en la época de compartir derechos del fútbol argentino, hasta que Julio, alias, “el que avisa no traiciona”, arregló con Cristina y dejó tumba culito al Grupo.
Clarín absorbió a Torneos en TyC Sports. Cuando nació, era 50% propiedad de Clarín, 50% propiedad de Avila-Nofal (Luis, recientemente desaparecido). Unos pocos meses después, Clarín se quedó con la señal de Cable.
Torneos posee los derechos de la Copa Libertadores de América, de la Copa Sudamericana y de la Champions League.
Una Productora que nació de una idea de su ex dueño y del Dueño del Fútbol en la Argentina: Carlos Ávila y Julio Humberto Grondona.
Clarín ingresa al negocio medio de casualité, en el 91 (estoy escribiendo un libro a propósito de ésta historia, quizá alguna día, vea la luz).
Siento la necesidad de contar-recordar éstas pequeñas cuestiones a partir del enorme cuestionamiento que, por la virulencia de Nèstor K, se abate con más o menos razón, sobre nosotros, los periodistas.
A pesar de que para los que estamos-estuvimos “adentro” de la Productora, el tema resulta muy sencillo de comprender, para el “afuera” es algo más complejo.
Entre otras cosas porque aquellos que han denunciado lo que consideran una estafa en el acuerdo por los derechos del fútbol argentino (Víctor Hugo Morales como abanderado absoluto desde el fondo mismo de los tiempos), hablaron durante muchísimo tiempo de “TORNEOS Y COMPETENCIAS” y no de “CLARÍN”.
Acaso la enorme exposición de Ávila.
Acaso el enorme poder de Clarín, antes de la irrupción del virulento Néstor post-acuerdos con Clarín, tratando de derribar el Imperio.
Lo cierto es que durante una década se habló de la estafa producto del espúreo acuerdo entre Torneos y la AFA, jamás entre Clarín (el Verdadero Imperio) y la AFA.
Entonces, los primeros estigmatizados fuimos nosotros, los periodistas de la Corporación (Torneos).
Nunca contó (o quizá si, no estoy en condiciones de afirmarlo), lo que denunciamos “desde adentro”. Hablo de la cuestión de la credibilidad nuestra. Lo único que nos deja a salvo en todo caso. Nos deja a salvo de nuestra propia conciencia. El “idiotismo rural” al que no le gustamos por la huevada que fuere (raza, color, gustos por tal o cual técnico, estatura), estará en todo su derecho.
Pero desde “adentro” se hicieron todo tipo de denuncias (tengo todo lo publicado a lo largo de años, perfectamente documentado por eso jamás me pudieron ni tan siquiera amenazar con llevarme a juicio).
Los negociados todos los clubes.
Las muertes provocadas por los barras bravas de todos los colores.
Las estafas en formato de Gerenciamiento.
El hecho de que los presidentes tuvieran testaferros que compraban derechos económicos de futbolistas.
Todo, desde “adentro”, sin que eso significara jamás, sacar pecho por ser “periodista independiente”.
Uno hace lo que puede, lo que quiere, lo que lo deja dormir en paz. Pero no juzga. Al menos éste escriba.
Solo cree en la batalla por la ideología futbolera en todo caso.
A un par de campeonatos del cambio de manos en los Derechos, no parece que la “estafa” del fútbol fuera tal.
Si en cambio ha quedado absolutamente claro que había una posición hiper-dominante del grupo Clarín y de su socio menor Torneos, respecto del fútbol.
Es, en éste sentido, un “clavo” fenomenal para el Estado esto de “el fútbol que pagamos todos”. Es un agujero negro desde el punto de vista de la inversión. Al gobierno le importa poco. Su negocio está en la penetración del “relato”. No en lo que puedan pagar en Europa, por ejemplo, para ver Godoy Cruz contra Argentinos Juniors. Ni siquiera Boca-River.
No se lo venden ni a “magoya”. Pero éste es otro asunto.
Los primeros estigmatizados, les decía, fuimos nosotros. Aún cuando fuéramos, como éramos allá por el 87-88 cuando entré a la Productora, cinco gatos locos.
Nunca hubo un “escrache” en Plaza de Mayo, off course. Se trata, al fin, de fútbol y de dinero de negocios del fútbol. Un botín menor comparado con los negocios del Estado por el que están luchando hoy por hoy los grupos de poder (Polìticos y Económicos).
Pero hemos sido siempre, los “feos, sucios y malos” de la historia, abochornados incluso por aquellos que, SIEMPRE, formaron parte del estáblishment, aún siendo sus empleados.
Existe un voluminoso caso. Bien gordo, el caso. Tiene un par de capìtulos del libro, el voluminoso.
En una próxima entrega, flasback mediante, voy a contar como Torneos (sin Derechos y sin estar acreditado, ingresó al mundial de Italia 90: adelanto, fue gracias a los faxes que enviaban colegas bellvillenses del Diario Tribuna). Así fue. Pero ya lo contaré.
Quizá completamente saturado por estar bajo la sospecha y mirada de los “inquisidores” del progresismo periodístico, y viendo que, haga lo que uno haga, en el fútbol nada se modifica, es que me tomé unos cuantos años sabáticos.
Me fui en el 2002.
Sin reclamar nada a cambio. Acaso haya sido un error, si uno advierte que las voces de la transmisión principal del fútbol que pagamos todos se llevaron casi 4 millones de dólares de indemnización sumando los dos juicios de la empresa privada. Ahora facturan al Estado.
Las grandes empresas no resuelven en función de los “afectos”. Lo hacen a partir de los intereses. Lo supe –a medias- al volver.
No obstante, no me arrepiento. Si llegué a Buenos Aires sin conocer a nadie y Torneos me da la posibilidad de laburar, ¿por qué al irme, debía hacerlo controversia mediante?.
Y además, estos ocho años largos de estar “afuera” de Torneos (relacionado muy tangencial aunque orgullosamente por los que publicamos en la web de Fox en donde llevo unos años como columnista), me hicieron comprender que no hay buenos y malos.
Hay buenos que pueden ser muy malos llegado el momento y hay canallas que pueden ser buenos in extremis.
Hay, eso sí, promedios.
Promedios que nos ponen a cada uno al mirarnos al espejo en el lugar exacto que ocupamos a partir de los hechos de nuestra historia.
Esos promedios son observados por todos. Pero inicial e inoxorablemente por nosotros mismos.
Éstos años me mostraron, les decía, con una contundencia incontrastable, que los que uno cree “buenos” pueden ser unos verdaderos mierdas y los que siempre juzgó “malos”, son negociadores pragmáticos. Y hasta buena gente.
Lo que sí, no hay inocentes. Solo boludos.
(…continuará…)