A 72 horas del partido contra los alemanes hay quienes sueñan una debacle que pueda hacer cambiar la decisión de Julio Humberto I de Viamonte: un cero cuatro abajo en Munich y que, efectivamente, Maradona y el responsable de los negocios Alejandro Mancuso, su ayudante de campo, sean eyectados.
No da la sensación Grondona de estar dispuesto a tomar semejante determinación. Entre otras cosas porque está curado de espanto: se suponía que con Bielsa todos los demás iban a jugar por el segundo puesto. Y ya sabemos lo que pasó.
Existe además una condición esencial básica que sostiene al DT en su puesto: la gratitud del viejo dirigente. Grondona le debe su lugar en el mundo a Maradona. El 78 (el título mundial conseguido en ese año), queda exageradamente lejos y además, forma parte de esos recuerdos que se viven con enormes dosis de contradicciones (la “fiesta de todos” en medio de una matanza, secuestros, apropiaciones de bebés y robos escandalosos, más la más fenomenal transferencia de poder e ingresos de los trabajadores a los poderes fácticos y al estáblishment económico; el que defienden Clarín por razones más terrenales y La Nación, por doctrina claro y razones “terrenales”, dinero, cash, poder en fin, también).
Fueron el 86 y el 90 (con un confortablemente “adecentado” gobierno democrático en el poder), los triunfos que le permitieron a Grondona llegar a donde llegó.
Incluso se ha permitido romper el acuerdo con el Imperio antes de arreglar con la muchachada K los derechos del “fóbal para todos”. Ni con Menem lo hizo. Alguien “durmió” en los laureles del lado privado.
Maradona entonces, pare a Grondona poderoso.
Paradojas de los tiempos: Maradona ha sido mil veces impiadoso con Grondona; sin embargo de no haber sido por sus genialidades en los buenos viejos tiempos de futbolista, hace ya mucho tiempo que hubiese rodado escaleras abajo.
Es cierto que después vinieron todos los “acuerdos” necesarios con el poder político (esto es el poder real con tiempo de duración decidido de antemano): Alfonsín, Menem, DelaRuina, y ahora, mucho más espectacular claro, el castigado K.
Y CFK obviamente.
Grondona sabe que Maradona, dirgiendo, es un mono con navaja. Dispuso de toda la histeria mediática de la clase media que detesta a Maradona para echarlo en más de una ocasión.
Pudo haberle dado un buen shot-al-ort dopo de Brasil o luego del célebre “que la sigan ma…”.
Pero no lo hizo.
Por cuidados?. Por formas?. Por miedo?
De ninguna manera.
En primer lugar porque no se le canta. Porque es (Carlitos I de Anillaco con su actitud de no venir a la sesión del escarnio kirchnerista, se le ha parecido virulentamente en estas últimas horas), uno de los pocos humanos que hace CASI todo lo que quiere.
En eso consiste el poder: hacer lo que uno quiere. No importa la voluntad o los deseos de millones. Histeria clase media para las radios que vociferan.
Grondona hace lo que quiere. Lo saben todos, hasta los más poderosos. Y así se irá de éste mundo: haciendo lo que se le canta. Y lo que se le canta es poner a Maradona porque fue quien lo parió para siempre, el que le dió la “vicepresidencia del mundo”.
Y además no hay una sola garantía de que desde la conducción técnica se acceda al titulo mundial: es la cabeza y la condición de los futbolistas. Como nunca ha aprendido Grondona que los jugadores estarán por encima de todo en la elaboración de un triunfo en Sudáfrica. O una caida. Maradona es puro show. Pero también se le “mancaron” Bielsa y su pollo, Pékerman (”cómo no vas a poner a Messi, pedazo de pelotudo”!!! le espetó apenas lo tuvo cerca despuès de la eliminación por penales contra Alemania en el 2006).
En suma: Grondona prende velas para que lleguen bien Verón, Messi, Higuain y and demais. Confía, Grondona, en que “los de arriba” hagan todos los goles que serán necesarios para disimular las carencias que el equipo tiene en defensa.
Maradona es un accesorio de lujo.
Lo saben los K.
Ya deben haber tomado nota en el gobierno acerca de los dichos de Maradona: “no quiero jugar el partido del 24 de Mayo con Canadá. Quiero que al mundial lleguen frescos”.
“Quiere cuidarlos, lógico”, me dice Fabián Doman.
No.
El tema es que ese partido (24 de Mayo, festejo del Bicentenario), es una devolución de Julio Humberto a CFK despuès del acuerdo millonario que nos pone como pagadores del salario (la plusvalía), de los jugadores y cuerpo tècnico, a todos los argentinos, al Gobierno.
Y, hete aquí que no está en la lista de todos los partidos que organiza Santa Mónica (capitales españoles, básicamente, con “patas” argentinas y un CEO de lujo: Georgie Valdano, hombre de izquierdas con salarios de derecha).
O sea, Maradona no cobra un peso por ese partido, el del Bicentenario. Por eso no lo quiere jugar y si en cambio, presentar despuès del 24 en Alemania para otro amistoso: en ese sí se llevaría la tarasca.
La sangre no llegará al río. Ya lo llamarán de gobierno a Diego y le extenderán un cheque correspondiente y allí estará el hombre, arengando sobre las bondades de la camiseta argentina.
Los jugadores y los tècnicos, los verdaderos “hacedores” del negocio-producto fútbol, deben llevarse la parte del león. No lo pongo en duda.
Me parece obsceno, eso sí, que haya tamaña diferencia de ingresos. Hace a la diferencia entre los extremos de mayores y menores ingresos. Cuando leemos “se amplió la brecha entre el 10% de los que más ganan con el 10% que gana menos en la Argentina”, tiene, entre otras cosas que ver con ésto.
Lo que no me banco es que se haga, se diga, que es “por amor a la camiseta”.
En ese sentido, era mucho más directo y claro el filósofo guaraní múltiple campeón con Vélez, José Luis Félix Chilavert.
En fin… se viene Alemania y allí, cobran todos y va gratis por tevé. Porque el fútbol, se sabe, es “para todos”.
Plusvalia (definición del diccionario): Parte del valor generado por el trabajo del obrero, por la utilización de su fuerza de trabajo, que queda en poder del capitalista dentro del análisis marxista. La fuerza de trabajo es una particular mercancía cuyo valor de cambio (salario) es menor que el valor que aporta alproducto. La diferencia entre el salario pagado al obrero y la parte del valor que éste aporta al producto (valor) se llama plusvalía.
Para el marxismo, la fuerza de trabajo es la única fuente de plusvalía, la única creadora de nuevo valor. Las materias primas y maquinarias utilizadas sólo transfieren su valor al nuevo producto. No lo incrementan. Siendo así, durante la jornada de trabajo el obrero debe crear valor para cubrir su salario, y la plusvalía que corresponde al capitalista. El tiempo que tarda en crear su salario es el tiempo de trabajo necesario, en tanto que el que corresponde a la plusvalía, es el tiempo de trabajo excedente.

